Seminario: Felicidad y amistad en Aristóteles

Aristóteles indica en el primer libro de la Ética a Nicómaco (7, 1097a 30- 1097b 5) que “si hay sólo un bien perfecto, ése será el que buscamos, y si hay varios, el más perfecto de ellos (…). Sencillamente llamamos perfecto lo que siempre se elige por sí mismo y nunca por otra cosa. Tal parece ser. sobre todo, la felicidad, pues la elegimos por ella misma y nunca por otra cosa, mientras que los honores, el placer, la inteligencia y toda virtud, los deseamos en verdad, por sí mismos (puesto que desearíamos todas estas cosas, aunque ninguna ventaja resultara de ellas), pero también los deseamos a causa de la felicidad, pues pensamos que gracias a ellos seremos felices”.

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La felicidad puede ser entendida de muchas formas. Pero, para Aristóteles, ser feliz es algo que se encuentra en la vida más perfecta: la vida según la virtud. Por eso indica que “en la vida, los que actúan rectamente alcanzan las cosas buenas y hermosas (…). Para la mayoría de los hombres los placeres son objeto de disputa, porque no lo son por naturaleza, mientras que las cosas que son por naturaleza agradables son agradables a los que aman las cosas nobles. Tales son las acciones de acuerdo con la virtud, de suerte que son agradables para ellos y por sí mismas. Así la vida de estos hombres no necesita del placer como de una especie de añadidura, sino que tiene el placer en sí misma” (EN I, 8, 1098b 30- 1099a 15). La felicidad y el placer tienen una cierta relación con la vida virtuosa. Para entenderlo mejor, vamos a conversar sobre estos temas.

 

Uno de los bienes ante el que nos parece que no podemos renunciar es la amistad. Parece imposible dejar de lado a nuestros amigos y alcanzar la felicidad a la vez. Pero, a veces, nos alejamos de su compañía y buscamos nuestros intereses porque creemos que sin alcanzar lo que deseamos tampoco podremos ser felices. ¿Cómo es posible hacer compatible ambas cosas?

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Aristóteles apunta que la verdadera amistad se da, principalmente, entre los buenos o virtuosos, “porque lo absolutamente bueno o agradable se considera amable y elegible, y para cada uno lo bueno y agradable para él, y el bueno es amable y elegible para el bueno por ambas razones La amistad recíproca requiere elección, y la elección procede de un modo de ser y los amigos desean el bien de los que aman por sí mismos, no en virtud de una afección, sino de un modo de ser. Cada uno ama, pues, su propio bien, y devuelve lo que recibe en deseo y placer; se dice, en efecto, que la amistad es igualdad, y esto se da, sobre todo, en la de los buenos” (EN VIII, 5, 1157b 25-35).

La aproximación de este filósofo nos puede parecer enigmática. Sin embargo, sus escritos sobre la felicidad y la amistad encierran una serie de reflexiones que nos ayudarán a comprender mejor estos temas. Y lo que es mejor, nos podrán servir para comprender mejor nuestras propias amistades, y el papel que juegan en nuestra vida diaria y nuestra búsqueda de la felicidad.

Para el seminario que vamos a desarrollar analizaremos algunas de las siguientes lecturas:

  • León Tolstói, La felicidad conyugal, Acantilado.
  • Eurípides, Ifigenia en Aulide.
  • Rafael Alvira, El lugar donde se vuelve. Reflexiones sobre la familia, Eunsa, 2010.
  • Capítulo 1: Alejandro Llano, La vida lograda, Ariel, 2010.

Sólo hay que elegir una de ellas. Pero, para desarrollar el análisis, vamos a utilizar los conceptos éticos que se encuentran en los libros I, VIII, IX y X de la Ética a Nicómaco.

La explicación de cómo se desarrollarán las diversas sesiones de los seminarios la puedes encontrar aquí.

Al final del seminario deberás presentar un ensayo de aproximadamente 1800 palabras en el que analizarás una de las lecturas alternativas, desde la perspectiva de los libros de Aristóteles. Por supuesto, tu opinión y capacidad de diálogo es muy importante, tanto como el uso de los conceptos que se explicarán en las sesiones del seminario. Aquí puedes encontrar los criterios de evaluación del ensayo que presentarás al finalizar el seminario.

Seminario: Cuestiones éticas fundamentales sobre la llamada “era de la posverdad”

El término posverdad, en inglés post-truth, captó la atención de los medios de información entre los años 2016 y 2017, casi de modo exclusivo. La finalidad de nuestro seminario es estudiar este fenómeno a la luz de los conceptos éticos y morales de libros de Harry Frankfurt y Robert Spaemann que anunciamos al final de la introducción a este tema.

Al final del seminario deberás entregar un ensayo de características similares al del primer seminario, o un video de presentación. Para el caso del ensayo, las pautas de calificación pueden encontrarse aquí. Por otro lado, para la realización del video de presentación, se enuncian unos cuantos  criterios más adelante.

Es importante indicar que en ambos modos de trabajar (ensayo o video) no se trata de repetir lo explicado en clase. Sin embargo, los libros propuestos -de Spaemann y Frankfurt- deben tener un papel importante en la exposición. Tu opinión y capacidad de diálogo es fundamental, tanto como el uso de los conceptos que se explicarán en las sesiones del seminario.

Los criterios para la elaboración del video son:

  • Estructura básica del video: una presentación del alumno(a), lo más profesional posible, siguiendo el siguiente esquema básico:
    1. Nociones de la posverdad: ¿Qué es? ¿Cómo ocurrió? ¿Por qué ha sido tan importante? ¿Debemos tomarnos en serio esta idea?
    2. Noticia(s) de prensa escrita en la(s) que la exposición se apoya para hablar sobre la posverdad.
    3. Concepto(s) básico(s) con los que se desea analizar tales noticias. Se trata de elegir algunos pocos conceptos de los explicados en clase, no todos. Incluye el analisis que es la parte fundamental del trabajo.
    4. Apreciaciones personales y conclusiones.
  • Contenido del video: el (la) alumno(a) debe filmarse a sí mismo(a) en el video realizando la exposición. Puede apoyarse en otros elementos: pizarra, rotuladores, presentaciones en PowerPoint o Prezi, etc. Si hace uso de otros videos de apoyo, la duración de los mismos no contará como tiempo de exposición.
  • Tiempo y participante(s): la exposición debe durar entre 5 y 10 minutos. La presentación del video es individual. El trabajo puede ser hecho por dos personas sólo si la originalidad del proyecto, o el tiempo del mismo (aprox. 15 minutos) lo amerita. En todo caso, si es hecho de este modo, ambos(as) participantes deben presentarse exponiendo.
  • Entrega del video: El video de la presentación debe ser almacenado en alguna plataforma online (Dropbox, GoogleDrive, OneDrive, etc.) y guardarse en modo compartido. Se enviará sólo el enlace (link) del video almacenado en la plataforma al jefe de cada grupo, que reenviará los links de los miembros de su grupo en un único mail al profesor en el siguiente formato.

Recursos sobre la posverdad

La introducción del término post-truth (posverdad), en el diccionario de Oxford, se anunció junto con la aceptación de otras palabras a través de este video:

 

El término no es nuevo. Ya en 1992 el periodista Steve Tesich lo utilizó en un artículo para la revista The Nation. Tesich, escribiendo sobre los escándalos de Watergate y la Guerra de Irak, indicó que de algún modo hemos aceptado vivir en una era en la posverdad.

captura-de-pantalla-2016-12-20-a-las-11-06-05Posteriormente Ralph Keyes escribió en 2004 el libro titulado The Post-Trut Era. En él, Keyes explica que nos encontramos en esta época de defección de la verdad porque hemos pactado con la deshonestidad. En la era de la posverdad, se han difuminado las fronteras entre la verdad y la mentira, la honestidad y la deshonestidad, la ficción y la no ficción. Engañar a otros se ha convertido en un desafío, un juego y, en última instancia, un hábito.

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Después de su introducción en el diccionario de Oxford, la palabra post-truth encontró rápida acogida en Wikipedia. En inglés el término hace referencia directa al contexto en el surgió esta palabra. Por este motivo se mantiene su equivalencia con la post-factual politics.

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En la versión en español de Wikipedia se indica que la posverdad difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad. Se resume como la idea en la que algo aparente sea verdad es más importante que la propia verdad. Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira, estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política.

Algunos expertos como Francis Fukuyama han empleado el término posverdad para referirse a la pérdida de autoridad de las instituciones:

 

A continuación presentamos algunos artículos de opinión sobre la era de la posverdad enlazados a algunos tweets. Puedes elegir entre éstos u otros para realizar el análisis que expondrás en tu video.Si no te es posible verlos, haz click en el link para ir a la cuenta de Twitter donde encontarás las noticias.

El anuncio de la era de la posverdad empezó con esta noticia:

La posverdad: utilidad y respeto por la verdad

La nueva palabra del año 2016 para el diccionario de Oxford fue post-truth. En español se tradujo como posverdad. Su significado se refiere a la influencia que tienen los sentimientos en la opinión pública, más que los hechos. La atención mediática sobre la posverdad se concentró en identificarla con la mentira. La conclusión fue, en muchos casos, que la posverdad no es un fenómeno reciente, y que estamos ante un nuevo capricho terminológico. Una simple moda. Pero esta apreciación puede ser apresurada.

La introducción de la palabra en el diccionario no fue arbitraria, sino por la frecuencia de su uso en los procesos democráticos que dieron como resultado el Brexit en Gran Bretaña, y las enrevesadas campañas a la presidencia en los Estados Unidos. El término se hizo popular por la proliferación de noticias falsas, comentarios insultantes que rozan la difamación, y el descrédito de instituciones que prestan un servicio a la sociedad. En este tipo de cuestiones la culpable está claro que es la mentira, pero también está presente un fenómeno potenciado por el uso de algunos medios en Internet: la falta de cuidado y de respeto por la verdad.

Hay personas que piensan que la verdad es siempre la verdad. Parece que esto es cierto, aunque suene a tautología. Pero también es claro que existe actualmente una apreciación generalizada de que el valor público de la verdad está por los suelos. Esto contrasta con la difundida idea de que decir la verdad es algo beneficioso. En efecto, la mentira puede ser perniciosa desde un punto de vista pragmático. El mentiroso, si es descubierto, es rechazado. Para mentir hay que tener la intención de engañar. No es un simple descuido. Hay una malicia que nos repugna. Nadie quiere ser engañado dos veces, y por esto no es conveniente mentir. Parece que de este modo la verdad tiene un valor.

Estas consideraciones han contribuido a extender la idea de que no decir la verdad es perjudicial. Esto es cierto. Pero, a la vez, implica que la verdad puede caer bajo el dominio de nuestro poder, que puede ser manipulada. Podríamos usarla del modo que mejor nos convenga. Así, el valor de la verdad se reduce a la utilidad que podamos sacar de ella. La verdad carecería de un valor por sí misma y se vería sometida al valor que poseen nuestros propios fines personales. Por tanto, considerar que la verdad solamente es útil, y que merece nuestro respeto por esto, es hacer que pierda valor.

La era de la posverdad ha llegado a través del entramado de relaciones de redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest. Éstas se han convertido en el modo más práctico de participar en la opinión pública. La potencia de un clic puede no ser representativa, pero miles sí. Prácticamente todos podemos contribuir a esa fuerza. Por esto, es significativo que a veces desatendamos las consecuencias que tiene difundir algo en estas redes, como si no nos importara la verdad o falsedad de los hechos que estamos propagando, sino lo útiles que pueden ser para resaltar algunas de nuestras ideas, o imagen.

Esto último fue captado de modo singular por Harry Frankfurt en su ensayo Sobre la charlatanería. Para Frankfurt, al charlatán le tiene sin cuidado la verdad. No tiene intenciones de tergiversar la realidad, simplemente que ésta no le compromete. Mantiene clara la distinción entre lo verdadero y lo falso pero, como anda despreocupado por el valor de la verdad, le interesa poco el modo de presentarla, o las consecuencias de lo que dice. Su atención está puesta en la imagen que transmite a los demás, sin importar si lo que dice es verdadero o falso. El charlatán algunas veces puede caernos bien, salvo que su charlatanería llegue a asuntos que consideramos importantes. Su carencia de intencionalidad nos desconcierta, y su falta de intención recta frente a la verdad puede llegar a asustarnos.

La mentira es perniciosa, pero también lo es nuestra falta de cuidado cuando banalizamos involuntariamente el valor de la verdad. La proliferación de noticias falsas tiene su origen en una tergiversación voluntaria de la realidad. En este caso se asemeja a la mentira. La gravedad del asunto dependerá del daño que se pueda ocasionar a la reputación de una persona natural o jurídica. Sin embargo, no prestar atención al contenido de lo que difundimos también puede ocasionar serios daños de los cuales podemos ser moralmente responsables.

El respeto por el valor intrínseco de la verdad implica no usarla exclusivamente para alcanzar nuestros propios objetivos. También podemos causar daño con hechos verdaderos que no tienen por qué ser convertidos en contenido de dominio público. Es importante que no nos engañemos. Resaltar el valor que tiene la verdad no implica convertirla en un arma arrojadiza con la cual se pretende vencer una batalla contra otra persona. Lanzarla con un clic, sin considerar sus consecuencias, no es afirmar su valor, sino desprestigiarla. Quien hace de la verdad algo que nadie quiere escuchar está descuidando su modo de presentarla. Se asemeja al charlatán, y esto es muy fácil en Internet, porque el lenguaje escrito jamás podrá remplazar al dialogo directo con la otra persona. El que olvida esto piensa que las palabras son sólo vehículo de contenidos, y se queda sin considerar que la conversación transmite valores con los que podemos ponernos de acuerdo. Cuando el diálogo no ocurre, las discusiones devienen en luchas ideológicas, donde el que vence es el más fuerte, el que grita más. En el caso de las redes sociales, quien emite más mensajes o contenidos. Así no hay forma de conversar honestamente.

Para el seminario que afrontaremos vamos a analizar el fenómeno de la era de la posverdady sus consecuencias actuales, a través de los conceptos éticos de dos libros:

  • Robert Spaemann, Ética. Cuestiones fundamentales, Eunsa, 2010.
  • Harry Frankfurt, Sobre la charlatanería (On Bullshit) y Sobre la verdad, Paidos Contextos, 2013.

La explicación de cómo se desarrollarán las diversas sesiones de los seminarios la puedes encontrar aquí.

La recta razón y la ley moral natural

Estos apuntes tienen dos partes. En la primera se presenta un resumen de lo que en Ética se entiende por recta razón, mientras que en la segunda se presentan los textos para abordar en clase el tema de la ley moral natural.

La recta razón

La recta razón es una regla próxima y homogénea que permite a la persona obrar moralmente. Se dice que es próxima porque le pertenece al sujeto. No es una regla externa, aunque la educación recibida juega un papel fundamental en la adquisición de la recta razón. La pertenencia de la recta razón a la propia persona se fundamenta en la idea de que la recta razón es el modo como llamamos a la guía que la racionalidad presta a la voluntad en la realización de acciones moralmente buenas. Así, en cuanto que la razón y la voluntad son siempre facultades de la persona, ésta actuará siempre de acuerdo a su propia dotación intelectual, volitiva, afectiva, etc.

Por otro lado, se dice que la recta razón es una regla homogénea, porque la regla y lo reglado tienen la misma índole racional. Es decir, tanto la racionalidad que presenta a la voluntad lo que debe ser realizado (como una especie de regla o norma), como la voluntad (que es lo normado o reglado en cuanto que la voluntad elige las acciones que la persona realizará), ambas son de naturaleza racional. Por ejemplo, juzgar rectamente en una determinada situación que debo ayudar a una anciana a cruzar la calle, es el producto de la recta razón que lleva a que voluntariamente quiera realizar esa acción. Esto es así, porque tanto en la idea de que esa acción es buena, como el deseo de realizarla por el bien de la anciana se ha conjugado la racionalidad propia de la moralidad: la búsqueda del bien.

La definición de la recta razón indica que ésta es “lo que la razón humana dictamina de suyo acerca de una acción, es decir, la recta razón es el dictamen obtenido cuando la razón procede correctamente (sin error de razonamiento) según las leyes, los principios y los fines que son propios de la razón moral en cuanto tal, sin interferencias ni presiones de ningún tipo”[1]. Desde este punto de vista, la recta razón presupone el uso de la libertad, porque requiere el uso de las propis facultades sin presiones ni interferencias. Pero hay más. La libertad que presupone el ejercicio de la recta razón no es sólo negativa. La persona, en el momento de juzgar una acción, no desea ser engañada bajo ningún aspecto. Cuando menos si es que se desea alcanzar un fin que busque satisfacer sus expectativas vitales. Por tanto, la libertad en un sentido positivo se relaciona con el hecho de que mi juicio moral cumpla con las expectativas de lo que se espera en una determinada situación. Si quiero ayudar a la anciana, lo mejor es que mi juicio sobre la acción de ayudarla sea positivo. Si la idea fuera opuesta (es decir, que no merece la pena ayudar a la anciana porque esa acción no es buena para mi), entonces habría una oposición interna entre mi deseo de ayudar, y mi juicio de que aquello no es bueno, tal vez por no considerarlo beneficioso. En ese caso mi deseo no se ajustaría a la idea que tengo de lo que es bueno, y cualquier acción que derive de ello llevaría a la persona a obrar con una libertad interior bastante reducida, o cuando menos con una libertad más mermada que si obrara de acuerdo a la recta razón, que ajusta el deseo de hacer el bien y el juicio propio de realizar ese bien concreto, que en nuestro ejemplo es ayudar a cruzar la calle a la anciana.

Por lo indicado en el párrafo anterior, podemos observar que el dictamen de la razón no puede ser subjetivo porque para que sea correcto debe inspirarse no sólo en los deseos del agente, sino también en “las leyes, los principios y los fines que son propios de la razón moral en cuanto tal”. La recta razón remite a un marco amplio de institucionalidad y de virtudes humanas. Ambos componentes (el institucional y el de las virtudes) permiten que la recta razón se forje en la persona moral. Un ejemplo del marco institucional es la familia, la cual contribuye de modo fundamental en la educación de los ciudadanos y lleva a establecer valores y costumbres que repercuten en el bien común de la sociedad. Por otro lado, el marco de las virtudes ayuda a que la recta razón se haga más próxima. Cuanto más virtuoso sea el agente, más fácilmente podrá llevar a cabo sus acciones de acuerdo con la recta razón. Que se indique que el obrar humano debe pasar por la razón no significa que las acciones tengan un único origen en la razón humana, ya que hemos visto la importancia de las pasiones y la voluntad misma en la moralidad. Pero sí significa que todo esto debe pasar por el crisol de la racionalidad que busca la obtención de los propios fines, de los cuales el de la felicidad es esencial. Con lo expuesto se puede apreciar mejor la idea de que las virtudes no juegan sólo un papel regulador de la conducta, sino que “el acto virtuoso es progreso, enriquecimiento y satisfacción espiritual de la persona, y por ello, lo que resulta determinante es la calidad espiritual de las acciones, y no tanto su calidad biológica o psicológica”[2].

La ley moral natural

En esta sección de la materia vamos a comentar en clase los puntos fundamentales de dos escritos. El primero es la voz “Ley natural” del Diccionario de Filosofía de la editorial Eunsa. En sus páginas, la profesora Ana Marta González indica que “La teoría moral de la ley natural recibe este nombre porque asume que el obrar huma- no responde/debe responder a razones, y, en esa medida, depende de unos principios, que incorporan o protegen bienes esencia- les de nuestra naturaleza y guían nuestras deliberaciones y razonamientos prácticos. El conjunto de estos principios, que preservan los bienes de la naturaleza humana, y que Tomás de Aquino llama indistintamente «semillero de virtudes» o «principios del derecho», constituye una única ley natural. Esta explicación de la ley natural se sitúa en un plano filosófico-moral, pero admite una profundización metafísica, y teológica, según la cual la ley natural puede definirse como la «participación de la ley eterna en la criatura racional»”. Este escrito es un muy buena introducción al tema.

El segundo artículo es “Ley natural, derecho natural y política”, escrito por el profesor Ángel Rodríguez Luño. En tal escrito el autor afirma que “el respeto de la justicia natural asegura un primer ajuste de la vida social a la realidad del mundo y al bien de las personas y de los pueblos. Si alguien se empeña en organizar la vida social como si la tierra fuera cuadrada o como si los hombres se encontrasen a gusto a una temperatura ambiente de diez grados bajo cero, se estrellará y, si todos le seguimos, nos estrellaremos todos. El respeto de lo que es justo por naturaleza es parte esencial de una característica fundamental de toda ley: la racionalidad, el ser razonable”. Puedes acceder a los dos artículos a través de los siguientes enlaces:

 

[1] Ángel Rodríguez Luño, Ética general, Eunsa, p. 234.

[2] Ángel Rodríguez Luño, Ética general, Eunsa, p. 236.