Grandes libros

Explica Paul Ricoeur que la configuración de una obra literaria propicia en el lector una experiencia del tiempo, de ficción, pero una experiencia. Señala cómo «el arte de la ficción consiste así en tejer juntos el mundo de la acción y el de la introspección, en entremezclar el sentido de la cotidianeidad y el de la interioridad» de forma que las interpolaciones de recuerdos entre acciones del momento presente ahondan y amplifican la narración, pues «forman una pasarela entre dos temporalidades extrañas entre sí» (Paul Ricoeur, Tiempo y narración II. Configuración del tiempo en el relato de la ficción [Temps et Récit. la configuration dans le recit, 1985], Madrid: Cristiandad, 1987, pp. 185-193).

(…)

Sin duda, el cine puede conseguir poderosos efectos emocionales, pero no puede ser semánticamente muy fino dado que «no puede haber descripciones precisas» ni «sutiles discriminaciones de la vida mental de un personaje». Es cierto que «la expresión facial, el lenguaje corporal, la imaginería visual y la música pueden aportar gran expresividad, pero carecen en cambio de precisión y capacidad discriminatoria» (David Lodge, La conciencia y la novela – Crítica literaria y creación literaria [Consciousness and the Novel, 2002], Barcelona: Península, 2004, pp. 68-175).

(…)

Por supuesto, no es necesario pensar en que lo propio de la buena literatura es sólo la representación de los movimientos de conciencia propios de momentos extraordinarios y de los sentimientos asociados con ellos. «Todo el sentido, en las mejores ficciones, proviene -como dijo Faulkner- del corazón en conflicto consigo mismo; todo el auténtico suspense (…) es una representación dramática de la angustia que supone una elección moral» (John Gardner, El arte de la ficción: apuntes para el oficio de jóvenes escritores [The Art of Fiction, 1983], Madrid: Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, 2001, p. 223). Por eso, todo gran relato literario renueva nuestra conciencia y nuestra vida emocional pues provoca momentos de descubrimiento moral e ilumina territorios de la existencia que, para nosotros, son oscuros.

Luis Daniel González, Verdades y leyendas: charlas sobre literatura infantil y juvenil, Capítulo: “Lo que solo la literatura puede hacer”.