Proceso de la racionalidad práctica

Para comprender el discurrir de la racionalidad práctica, debemos hablar de la doctrina tomista de la secuencia de actos volitivos e intelectuales que finaliza en la puesta en acto de la decisión [1]. Para ello, debemos partir de la idea de que la persona tiende por naturaleza a la felicidad y la busca a través de los medios con los que cree que puede alcanzarla. Este impulso desde su propia naturaleza configura todas las creencias dirigidas al fin de la felicidad. A este impulso natural se le ha llamado clásicamente voluntas ut natura. Esta tendencia natural no encuentra su fin en los objetos de la percepción (objetos inmediatos que se presentan a nuestros sentidos), sino que los trasciende porque la voluntad tiende al bien que puede llegar a satisfacer plenamente esta tendencia natural. Sin embargo, la voluntad no es un puro impulso que se dirija a una idea preconcebida de felicidad, lo hace junto con el discernimiento de la razón. La razón y la voluntad trabajan juntas ya desde el primer momento de la configuración de las creencias que pueden llevarnos a realizar acciones para alcanzar la felicidad.

En cuando el intelecto aprehende el fin de la voluntad, de ese deseo o impulso natural de satisfacción plena que se identifica con la felicidad, la voluntad realiza un acto de “volición simple” (valle). Aquí el intelecto y la voluntad se sostienen mutuamente en un movimiento circular que fundamenta el proceso posterior de la voluntas ut ratio. Es decir, de la voluntad dirigida por la racionalidad en la configuración de las acciones.

La voluntad, en cuanto se encuentra informada por la racionalidad, puede llevar a cabo no sólo el acto de tender (intentare), sino también el de elegir (eligere). Pero esto no se agota en un único movimiento. Hacerlo podría llevar a entender la racionalidad práctica como un conjunto informe de motivos que causan la acción. Si fuese así, el sujeto se determinaría ante el mejor de los objetos que se presenta ante su percepción, perdería su capacidad de elegir, y por tanto su libertad. Por ello existe una articulación en el movimiento de la voluntad, la cual se encuentra informada en todo momento por la razón.

El primer movimiento de la voluntas ut ratio, de la voluntad y razón en su conjunto, pero ya en dirección a la realización de la acción, es la captación del “fin concreto” deseado. Esto es, se trata de la identificación de un fin que creemos que nos puede llevar a la consecución de la felicidad. Por ejemplo, el fin concreto “acabar la carrera de derecho” se nos puede presentar como una creencia de que con ello podemos alcanzar la felicidad, o parte de ella. En este punto del discurso de la razón práctica se vuelven a dar juntos dos elementos: a) la consideración del fin concreto identificable con la tendencia a la felicidad (“acabar la carrera de derecho” conduce a la felicidad, o cuando menos a obtener parte de ella); y b) la tendencia a los medios genéricos para la obtención del fin (“estudiar las materias que conforman el currículo de la carrera de derecho” conduce a “acabar la carrera de derecho”). Aquí, el intelecto y la voluntad vuelven a sostenerse mutuamente en círculo: El intelecto muestra el fin, identificable con la tendencia natural a la felicidad, y la voluntad tiende a tal fin. Pero en este proceso de tender al “fin concreto” (“acabar la carrera de derecho”), los medios para la obtención del mismo se presentan inmediatamente ante la voluntad (“estudiar las materias que conforman el currículo de la carrera de derecho”). Así, la voluntad de un modo simple tiende a todos los medios genéricos (la creencia de “aprobar todas las materias de derecho”), por el simple hecho de desear el fin al que tales medios se encuentran íntimamente relacionados.

Esta afirmación es importante, porque lleva a entender que los medios no se relacionan extrínsecamente al fin, sino que el fin determina los medios, y estos a su vez determinan el fin. Desear el fin implica el deseo de los medios que configuran la consecución de tal fin. No es posible desear el fin “acabar la carrera de derecho” sin desear los medios “aprobar todas las materias de derecho”, y a la vez los medios como “aprobar todas las materias de derecho”, “salir un semestre de estancia al extranjero”, “realizar prácticas en el verano” configuran el fin de “acabar la carrera de derecho”.

Luego se inicia el discurrir hacia la acción concreta, que empieza en los medios genéricos que la razón presenta a la voluntad. Así, la voluntas ut ratio, como voluntad informada por la razón, elige (eligere) los medios concretos con los que cree que puede legar a la realización del fin, y el plan de acción. Este paso se concreta a través de la deliberación, el asentimiento de la voluntad, el juicio electivo intelectual y la misma elección de la voluntad. Se determina la decisión de la acción concreta que podría ser “estudiar Ética”, como medio concreto que puede llevar a alcanzar parte de los objetivos trazados.

Sin título1

[1] Cfr. Llano, Carlos, Examen filosófico del acto de la decisión, Pamplona, Eunsa, 2010, p. 108. La explicación sigue en cierto modo los pasos de esta obra de Carlos Llano.