Alfie Evans. Cuando la tiranía decide cómo y cuándo se debe morir

Los que amamos la vida humana estamos conmocionados por el caso de Alfie Evans, ocurrido hace pocos días en Inglaterra. Alfie era un niño de Liverpool, tenía casi dos años de edad, y sus padres –Kate James y Tom Evans– habían notado desde los primeros meses que su hijo sufría de unos síntomas preocupantes. Acudieron a los médicos para que se le hiciese una serie de pruebas, las cuales no pudieron ser concluyentes sobre qué le ocurría.

El tiempo iba pasando y Alfie empeoraba hasta el punto de verse sometido a complejos cuidados que incluían un respirador artificial, y soporte para suministrarle alimento e hidratación. Para entonces estaba claro que el niño sufría alguna clase de enfermedad neurodegenerativa que podría acabar con su vida en cualquier momento. Los médicos, del Alder Hey Hospital en Liverpool, afirmaron a los padres que ya no podían hacer nada más por su hijo.

Puedes leer el resto del artículo publicado el 3 de mayo de 2018 en Posición.pe

 

La persona como sujeto moral

En esta sección de la materia vamos a comentar en clase los puntos fundamentales de tres artículos de Robert Spaemann. El primero se titula “¿Es todo ser humano persona?” Se trata de un artículo publicado en el volumen 37 de la revista Persona y Derecho de la Universidad de Navarra. En sus páginas, Spaemann comentó que “las personas son seres que son lo que son, en forma diferente de los demás seres. No son, simplemente, instancias de una especie, sino más bien, se relacionan con lo que son. De esa manera, los seres humanos pueden derramar lágrimas en una representación teatral y aún disfrutar de esta pena o aquella ansiedad; ya San Agustín, estuvo fascinado con este fenómeno. Una persona es, por lo tanto, no simplemente “algo”, sino “alguien”. Alguien nunca es algo. Ser “alguien” no es una propiedad de algo, no es la propiedad de una cosa o de un ser orgánico que también podría ser adecuadamente descripto con tales y cuales características, en términos no personales. Más bien, identificamos claramente y desde el principio, ya sea a alguien o a algo o, dicho de otro modo, identificamos a un ejemplar de la especie homo sapiens desde el inicio, y sin consideración alguna a características factualmente poseídas, es decir, como a alguien, y, por ende, como a una persona”.

El segundo artículo es una contribución de Spaemann al portal de Internet Almudi.org: “¿Son todos los hombres personas?” Aunque la finalidad y los principios por lo que se rige el discurso son los mismos que en el artículo anterior, la argumentación va por derroteros diversos, ampliando puntos concretos del artículo aparecido en Persona y Derecho. En esas líneas, Spaemann indica que ante la creciente tendencia a un pensamiento empirista que lleva a catalogar a la persona como un objeto más a disposición de cualquier sujeto, “Kant ha dejado claro que no podemos pensar el concepto de pensar sin pensar al mismo tiempo un sujeto que piensa. Y ha expresado la inevitable convicción que todos tenemos respecto a la inconmensurabilidad de la persona en relación al resto de lo que aparece en el mundo. Kant ha manifestado esto de un modo muy preciso, al decir que las cosas pueden tener un valor, pero todo valor tiene su precio. Los hombres, en cambio, no tienen valor, sino dignidad. Y bajo este concepto entiende él aquello que de ninguna manera puede tener un precio, porque es sujeto de todo valor y, precisamente por esto, no puede ser objeto de un valor”.

Finalmente, el tercer artículo es “¿No existe derecho a la vida?”, en el que discute una aplicación inmediata de la noción de persona al campo de la vida y el respeto a ella. Este artículo apareció en el volumen 3 de la revista Persona y Bioética de la Universidad La Sabana. Puedes acceder a los tres artículos a través de los siguientes enlaces: