Recensión: «Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual» en Scripta Theologica

Sin duda, a los autores de este libro se les puede reconocer valentía y audacia. No tienen miedo de entrar en cuestiones de fondo. En parte porque se saben bien pertrechados del buen hacer de otros pensadores; y en parte porque han reflexionado con la profundidad de quien no rehúye los puntos espinosos. Cualquier análisis de este calibre siempre parecerá incompleto, pero la clave es si en lo que señala es certero. Y parece que sí. Ya Christopher Dawson intuyó la decadencia de Occidente hace más de medio siglo y lo achacaba a que las religiones son el alma de las culturas y cuando una cultura pierde su alma lo que le queda es la descomposición o, podríamos decir, una reanimación de urgencia. Al ser católico también vivía de Esperanza y de lo que el Espíritu Santo puede hacer, pero con el sentido de responsabilidad de quien se sabe llamado no solo a ser profeta de calamidades sino proclamador de una Palabra capaz de vivificar hasta unos huesos.

Puedes leer el resto de la reseña a continuación: Recensión: «Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual» en Scripta Theologica

Ampliación: los derechos humanos a examen

Comentario a algunos de los temas torales abordados en la entrevista de Juan Pablo Martínez Martínez al profesor Alfredo Cruz Prados, titulada “Los derechos humanos a examen”, en  Inspiratio: Hápax. Instituto de Ciencias de la Acción.

Con relación (…) a la lógica que siguen los ordenamientos jurídicos que favorecen la implementación de los derechos humanos, el profesor Cruz Prado sostiene que dicha lógica “es la idea de que el ser humano es sujeto de derechos en cuanto puro individuo de la especie humana, esto es, en cuanto puro caso singular”. Además, cuenta con esos derechos con “independencia de los vínculos” sociales en los que se encuentra inserto. Cita como uno de los máximos exponentes de esta postura a Ronald Dworkin y su idea de que los derechos son triunfos (trumps) que el individuo posee y hace valer frente al Estado y la sociedad.

En efecto, la escuela teórica de derechos humanos que, hasta el día de hoy, domina el ámbito conceptual es este iusnaturalismo individualista abstracto, con las características que Dr. Cruz describe de manera esencial. No obstante, cabe señalar que al menos hay otras dos escuelas que, ya desde principios de este siglo, se vienen posicionando con fuerza insospechada en el terreno académico: la escuela deliberativa y la escuela de la protesta.

Balance moral del siglo XX: La ética de la responsabilidad

La responsabilidad individual y colectiva del hombre como columna vertebral de la ética en el siglo XX es el tema que, a lo largo de ocho sesiones, aborda Diego Gracia, catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en Bioética, en una nueva «Aula abierta» de la Fundación Juan March.

Si algún siglo ha sido prolífico en literatura moral, éste es el XX. Si por algo ha destacado, es por la profusión de tendencias y doctrinas. ¿Hay algún hilo rojo que permita ordenar ese proteiforrne conjunto de sistemas? ¿Hay algo característico en la reflexión ética propia del siglo XX?

El curso analiza los orígenes del término responsabilidad, el surgimiento de la ética de la responsabilidad a comienzos del siglo XX y su evolución en los principales pensadores a todo lo largo de la centuria, tanto en el ámbito cultural germánico como en el francés, el español y el anglosajón. Se estudiarán los enfoques y las aportaciones de Max Weber, Edmund Husserl, Max Scheler, Nicolai Hartmann, Dietrich von Hildebrand, Karl Jaspers, Martin Heidegger, Jean Paul Sartre, Emanuel Lévinas, José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, Jürgen Habermas, Karl Otto Apel y Hans Jonas, entre otros. Para concluir, las dos últimas sesiones se ocupan de la responsabilidad de la ciencia y del científico.

Se puede acceder a los audios a través de este enlace: Balance moral del siglo XX: La ética de la responsabilidad (Fundación Juan March).

Para la discusión de estos temas, puede observarse además dos artículos de la profesora Ana Marta González acerca de las características de las éticas modernas y contemporáneas:

Edipo rey [Sinopsis]

Peste en Tebas

Edipo, rey de Tebas, se dirige a una muchedumbre encabezada por un sacerdote, que se ha congregado ante el rey para pedir un remedio a la peste que asola la ciudad de Tebas. Para conocer las causas de esta desgracia, el propio Edipo ha mandado a su cuñado Creonte a consultar el oráculo de Delfos. La respuesta de éste es que la peste se debe a que no se ha vengado la muerte de Layo, el rey anterior: su sangre derramada amenaza con dar muerte a todos los habitantes de la ciudad hasta que el asesino sea ejecutado o exiliado.

Predicciones de Tiresias

Edipo pronuncia un bando solemne en el que pide a todo el pueblo tebano que colabore en el esclarecimiento del crimen. Tanto el asesino como el cómplice podrán, si se entregan, conservar la vida, aunque tendrán que partir al exilio; cualquier testigo que haya visto lo sucedido debe decirlo sin temor y Edipo le recompensará. Pero si el culpable no se entrega, a todo el que sea responsable de ello se le prohibirá participar en la vida de la ciudad, por lo que Edipo pide a los dioses que él y los suyos mueran de la peor manera posible.

Por consejo de Creonte, Edipo llama al adivino ciego Tiresias para que ayude a esclarecer lo sucedido. Cuando llega Tiresias, el rey y el coro lo reciben con respeto, pero pronto queda claro que el vidente no quiere colaborar y se niega a hablar sobre el crimen. El diálogo entre Edipo y el adivino degenera por ello en un enfrentamiento (agón), en el que ambos se insultan. Irritado, Tiresias declara que Edipo es el asesino que está buscando, e incluso le anuncia (en lenguaje voluntariamente críptico) que vive en incesto con su madre y ha tenido hijos con ella; que aunque se crea extranjero es tebano de nacimiento y que dentro de poco se quedará, como él, ciego. Edipo llega a la conclusión de que el anciano y Creonte se han puesto de acuerdo para acusarle del crimen y desplazarle así del trono.

Acusaciones contra Creonte

Entre los ancianos tebanos cunde la duda por las confusas palabras de Tiresias. Creonte aparece indignado ante las acusaciones de conspiración para usurpar el trono que ha hecho Edipo. Él señala que resulta inexplicable que Tiresias, que estaba en la ciudad en el momento del asesinato de Layo, no declarara entonces lo que sabía, y haya esperado hasta ahora para acusarle de aquel crimen. Creonte replica que, como cuñado y amigo de Edipo, ya tiene suficiente poder en Tebas y que nunca desearía las preocupaciones y problemas que debe afrontar un rey. Además, señala a Edipo que no se debe acusar sin pruebas y que si no cree que lo que ha dicho el oráculo de Delfos sea cierto, puede ir él mismo a comprobarlo. También le dice que si Edipo tiene pruebas de que él se ha confabulado con el adivino Tiresias, él mismo se condenará a muerte.

Revelaciones de Yocasta

Yocasta, esposa de Edipo, ejerce de mediadora en la disputa. Tras conocer los motivos, dice a Edipo que no debe hacer ningún caso de las adivinaciones proféticas y pone como ejemplo un oráculo de Apolo que predijo a Layo que moriría asesinado por uno de sus hijos. Sin embargo, Layo murió de otra forma, asesinado por unos bandidos en un cruce de tres caminos, y el único hijo que tuvieron murió poco después de nacer, pues se lo dieron a un criado para que lo matara. Por tanto, señala Yocasta, el oráculo no se cumplió en modo alguno.

Sin embargo, Edipo, al conocer los detalles de la muerte de Layo, se alarma y exige que traigan a su presencia al único testigo del asesinato. Hay un gran suspenso porque Yocasta no conoce los motivos de ese miedo de Edipo.

Edipo cuenta su historia

Edipo relata a Yocasta cómo sus padres fueron Pólibo y Mérope, reyes de Corinto. En un momento dado le llegaron rumores de que no era hijo biológico de ellos y, al consultar el oráculo de Delfos, Apolo no respondió sus dudas y en cambio le dijo que se casaría con su madre y mataría a su padre. Por ello había abandonado Corinto, para tratar de evitar el cumplimiento de esa profecía. Más tarde, en sus andanzas, había tenido un incidente en un cruce de caminos, había matado varias personas y sus características eran las mismas que las conocidas en el asesinato de Layo. La esperanza que tiene Edipo de no ser el asesino de Layo es que el único testigo había afirmado que habían sido varios los asesinos.

Noticias de Corinto

Yocasta manda llamar al testigo y también se presenta como suplicante ante el templo de Apolo para que resuelva sus males.

Mientras, llega un mensajero inesperado que trae noticias sobre los supuestos padres de Edipo en el reino de Corinto. Pólibo ha muerto a causa de su vejez y quieren proclamar a Edipo como rey de Corinto. Yocasta, tras oír las noticias, trata de hacer ver a Edipo que tampoco el oráculo según el cual iba a matar a su padre se había cumplido y por tanto ya no debería de temer el otro oráculo que decía que se casaría con su madre.

El mismo mensajero es conocedor de la circunstancia de que en realidad Pólibo y Mérope no eran los padres naturales de Edipo, porque él mismo lo había recogido cuando era un bebé e iba a ser abandonado por un pastor en el monte Citerón, con las puntas de los pies atravesadas (de ahí el significado de su nombre: pies atravesados o hinchados, según la traducción).

Al conocer los temores de Edipo, el mensajero le explica estos hechos pasados con la intención de que Edipo se tranquilice.

No obstante, el rey de Tebas desea saber más sobre su origen y, descubre que el mismo pastor que fue testigo del crimen de Layo había entregado a Edipo, cuando éste era un bebé, al mensajero.

Resolución de los enigmas

La reina Yocasta, tras oír el relato completo del mensajero, ya ha comprendido todo el profundo misterio y sale huyendo después de intentar en vano que Edipo se detenga en su investigación.

Por fin llega el testigo del crimen. Edipo y el mensajero lo interrogan y al principio se resiste a dar respuestas, pero ante las amenazas de Edipo revela que el niño que le habían entregado para que lo abandonara en el monte Citerón era hijo del rey Layo y la reina Yocasta y que lo habían entregado para que muriera, impidiendo que se cumpliera un oráculo funesto. Sin embargo, él lo había entregado al mensajero por piedad.

Edipo comprende que Yocasta y Layo eran sus verdaderos padres y que todas las predicciones de los oráculos se han cumplido.

A partir de esta revelación un mensajero de la casa cuenta todos los detalles del suicidio de la reina Yocasta y la posterior ceguera de Edipo.

Edipo aparece con los ojos ensangrentados y pide ser desterrado. Dice que ha preferido cegarse porque no puede permitirse ver, después de sus crímenes, a sus padres en el infierno, a los hijos que ha engendrado, ni al pueblo de Tebas.

Creonte, que asume el poder, pide a los tebanos que se apiaden de Edipo y lo hagan entrar en el palacio. A continuación dice que consultará de nuevo al oráculo para saber lo que tiene que hacer con Edipo. Este dice que no tenga piedad con él, pide ser desterrado y dice a Creonte que cuide de sus dos hijas, acto que finalmente es consumado.

Los últimos versos del corifeo son una especie de conclusión o moraleja en las que se expresa que incluso aquellos que parecen felices y poderosos están en todo momento expuestos a sufrir desgracias.

Entrevista: los derechos humanos, a examen

Hay que buscar la singularidad humana por la vía no de la abstracción, sino de la participación eminente, sobresaliente en lo común.

Entrevista a Alfredo Cruz Prados, profesor de Filosofía Política y de Historia del Pensamiento Político en la Universidad de Navarra y autor de obras tan relevantes como: La sociedad como artificio: El pensamiento político de Hobbes (1986), Historia de la filosofía contemporánea (1987), Ethos y polis. Bases para una reconstrucción de la filosofía política (1999) y La razón de la fuerza: Concepto y justicia de la guerra (2004), sobre la índole política de los derechos humanos y su relevancia antropológica.

En esta entrevista, que se puede leer completa a través de Inspiratio: Hápax. Instituto de Ciencias de la Acción, indica:

A mi modo de ver, la lógica que vertebra los derechos humanos es la idea de que el ser humano es sujeto de derechos en cuanto puro individuo de la especie humana, esto es, en cuanto puro caso singular. Eso significa, desde esta perspectiva, que el hombre tiene una serie de derechos al margen de la sociedad en general y al margen de la sociedad concreta a la que cada ser humano pertenece. Y cuenta con esos derechos con independencia de los vínculos que después pueda establecer, de quiénes le rodeen y de cuál sea la circunstancia social y humana en la que esté inserto….

Todo lo que rodea al ser humano, todo lo que sitúa social, cultural e históricamente constituiría un aspecto irrelevante en virtud de esa serie de derechos que le pertenecen antes incluso de su inserción en la sociedad. La lógica que de aquí se desprende es que cualquier individuo puede reclamar esos derechos de la sociedad y ante la sociedad sin tener en cuenta cuál es el contexto social que le rodea, cuáles son sus posibilidades, sus exigencias, su nivel cultural y de bienestar material. Y, además, puede reivindicarlos con independencia de los efectos sociales que pueda tener esa reclamación. Obviamente, la reivindicación de esos derechos puede tener unos efectos u otros, más positivos o más negativos, en función de cuál sea la sociedad en concreto en la que se sitúa un ser humano. Ello no ha de eliminar, en todo caso, su independencia o consideración autónoma, según la visión propia de dichos derechos. 

¿Qué son los cuidados paliativos?

Conferencia con el Dr. Carlos Centeno, especialista en Oncología, Bioética y Medicina Paliativa. Director del Servicio de Medicina paliativa de la Clínica Universidad de Navarra e investigador principal del ATLANTES Global Observatory of Palliative Care del Instituto Cultura y Sociedad.​

El encubrimiento de la verdad en nuestro mundo moderno

El desvelamiento de la verdad solo acontece en la relación que se establece entre la subjetividad, la naturaleza humana y la vocación personal.

¿Qué ocurre con la valoración subjetiva de la verdad como aprehensión y transmisión sincera y elocuente de lo que pensamos, sin ánimos de encubrir nada, en nuestro mundo moderno? ¿Es posible que la configuración de nuestra sociedad nos lleve a fijarnos en valores menos relevantes que otros que sí lo son, haciendo que la verdad de la realidad se vea afectada sin que pensemos lo suficiente sobre ello? Si ese fuera el caso, ¿qué tipo de análisis gnoseológico podría desvelar esta dolencia antropológica y ética?

Puedes leer el resto del artículo a través de Inspiratio: Hápax. Instituto de Ciencias de la Acción

Philosophica: voz «Rémi Brague»

Rémi Brague es un pensador francés reconocido por sus estudios de filosofía antigua y medieval. También ha analizado diversos aspectos de la antropología filosófica y cultural de nuestro tiempo, en un contexto amplio del estudio de la historia de las ideas. En la actualidad es profesor emérito de Filosofía Medieval en la Universidad de la Sorbona de París y de Historia del Cristianismo Europeo en la Ludwig-Maximilians-Universität München en Alemania donde ocupó la cátedra Romano Guardini. Es miembro del Instituto de Francia desde 2009.

Se puede leer el resto del artículo en Philosophica: Enciclopedia filosófica on line

Reseña: «Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual» en Anuario Filosófico

Giménez Amaya y Montoya Camacho unen esfuerzos y nos presentan esta obra. Un ensayo de investigación, predominantemente antropológico y ético, que parte de la idea de que hay «algo de ocultamiento y ceguera en el mundo en que vivimos». Así, existen verdades que se encuentran «encubiertas»: no se trata de casualidades, sino que claramente los autores identifican cuáles son las causas u orígenes de este panorama en nuestra sociedad actual. En este sentido, el contenido del texto se desenvuelve bajo esta premisa, pero como veremos no se trata solo de una mera descripción de hechos, sino que al final del texto, de manera muy escueta y breve, los autores también ofrecen un vía de reconciliación ante el diagnóstico realizado.

Puedes leer el resto de la reseña a continuación: Reseña de «Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual» en Anuario Filosófico.