Seminario: Sociedad, acción y verdad

I. Objetivo

El objetivo del seminario Sociedad, acción y verdad es fomentar la reflexión sobre el valor de la verdad, y cómo esa valoración incide en la sociedad moderna en general y, particularmente, en nuestras propias concepciones sobre lo que consideramos como algo «justo» o «injusto» en nuestra vida.


II. Indicaciones generales del seminario Sociedad, acción y verdad

Este seminario se divide en dos partes. La primera corresponde con la parte teórica sobre las características de nuestro mundo moderno, y cómo éstas inciden en la reflexión ética actual. La segunda es una parte más práctica, o de investigación, en la que se analizará el fenómeno de la posverdad.

1) Material importante

Las actividades del seminario se llevan a cabo en seis sesiones en las que habrá una práctica de cada una de las lecturas que se indican a continuación, y el envío de un informe al profesor en los formatos que puedes descargar a continuación:

Puedes encontrar los libros que se utilizarán y las fechas de las sesiones del seminario a través de los enlaces del siguiente recuadro:

Libros & Fechas

En estos enlaces puedes encontrar los libros que se utilizarán y las fechas de las sesiones en el calendario de actividades del curso

2) Sobre el ensayo

Al final del seminario deberás presentar un ensayo en el que analizarás, como tema general, cómo se valora la verdad en nuestro mundo moderno, tanto desde el punto de vista individual, como social. Por supuesto, puedes plantear temas distintos a la posverdad, pero siempre de acuerdo con la temática general del seminario. Tu opinión y capacidad de diálogo es muy importante, así como el uso de los conceptos que se explicarán en las sesiones de trabajo.

Puedes observar algunos ensayos presentados en años anteriores, y los criterios de evaluación del texto que deberás presentar, a través de los enlaces en el siguiente recuadro:

Algunos ensayos pasados y criterios de evaluación para el trabajo del seminario Sociedad, acción y verdad


III) Contenidos del seminario Sociedad, acción y verdad

1) Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual: sobre la valoración de la verdad en nuestro mundo moderno

Como ya se indicó más arriba, la primera parte de este seminario es más teórica, introductoria y preparatoria de la siguiente parte en la que se analiza la posverdad. Específicamente, en este inicio del seminario, abordaremos tópicos que entrelazan temas relevantes como la sociedad, los bienes humanos, la justicia, y la felicidad. Además, se presentarán ideas implicadas en lo que consideramos que es propio de la condición humana: su recorrido vital, como individuo y en relación con los demás.

Hablaremos, por tanto, sobre las condiciones sociales en las que se da el nacimiento del ser humano, la visión actual que se tiene sobre el tratamiento de sus posibles enfermedades, sobre cómo debe afrontar la vejez y la muerte. Todas estas son realidades que, en la cultura, adquieren un valor moral determinado, y por tanto deben ser tratadas con una adecuada consideración intelectual, ética y antropológica.

Entre los materiales que se utilizarán está el siguiente libro:

Jorge Martín Montoya Camacho y José Manuel Giménez Amaya, Encubrimiento y verdad: algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual, Pamplona: EUNSA, 2021.

a) Sesión introductoria al seminario

La primera sesión del seminario es introductoria, en la que veremos algunas escenas de la película Margin Call, y en la que nos familiarizaremos con algunas de las caracterizaciones de nuestro tiempo moderno a través del libro Encubrimiento y verdad.

  • Margin Call [resumen de 30 minutos]: sobre el precio de la codicia.
  • La temática sobre las caracterizaciones de nuestro tiempo, en el libro indicado, puede comprenderse leyendo el texto del siguiente recuadro:

El encubrimiento de la verdad en nuestro mundo moderno

¿Qué ocurre con la valoración subjetiva de la verdad como aprehensión y transmisión sincera y elocuente de lo que pensamos, sin ánimos de encubrir nada, en nuestro mundo moderno? ¿Es posible que la configuración de nuestra sociedad nos lleve a fijarnos en valores menos relevantes que otros que sí lo son, haciendo que la verdad de la realidad se vea afectada sin que pensemos lo suficiente sobre ello? Si ese fuera el caso, ¿qué tipo de análisis gnoseológico podría desvelar esta dolencia antropológica y ética?

También puedes encontrar algunas orientaciones generales de los temas en el siguiente enlace, el cual lleva a una página del Instituto Razón Abierta, de la Universidad Francisco de Vitoria, con entrevistas realizadas a los autores, y otras explicaciones esclarecedoras a través de unos videos cortos:

Se puede llegar a la renovación del hombre desde el punto de vista racional con una razón abierta

Es preciso descubrir la verdad en sí misma, que aparece de modos distintos, y se ha de conseguir la integración de los distintos intereses para dar un sentido pleno.

b) Sesiones para comentar el libro Un mundo feliz de Aldous Huxley

En esta parte del seminario utilizaremos el libro indicado antes, Encubrimiento y verdad, específicamente los siguientes contenidos:

  • Capítulo II: ¿Qué miramos?, completo [páginas 95-131].
  • Capítulo III: ¿Qué dejamos de mirar?, apartados 3.3, 3.4, 3.5 y 3.6 [páginas 143-202].

El libro de Aldous Huxley, Un mundo feliz, también será parte de nuestras reflexiones éticas sobre nuestro mundo moderno. Sin embargo, su lectura no es obligatoria. Se anima a todos los participantes a leer el libro si lo desean, teniendo en cuenta que en clase se hablará de tal novela y, por tanto, es muy posible que se desvele su final.

Todos aquellos que hayan leído el libro con anterioridad, y deseen recordarlo, o quienes no lo hayan leído y no tengan tiempo de hacerlo, pueden guiarse de alguno de los análisis en YouTube a los que se puede acceder a través del siguiente recuadro:

Reseñas y análisis de Un mundo feliz, de Aldous Huxley

¿En que se basa la novela de Huxley? ¿Cuáles son los fundamentos del mundo que describe este autor? ¿Qué significado tiene para nuestro mundo actual?

Todas estas lecturas nos llevarán a observar cómo la reflexión sobre la felicidad y la vida humana se entrelazan con temas como el bien común, las decisiones sociales y políticas, así como con la economía, la cultura y la tecnología tal como se aprecia el el texto que se presenta en el siguiente enlace:

Cuestiones alrededor de «Un mundo feliz» de Aldous Huxley

Carta de respuesta a la pregunta: ¿es ético evitar a una persona una «condición física de desventaja» antes del nacimiento, cuando la personalidad de un ser humano aún no se ha desarrollado?

c) Presentación con las principales ideas de la primera parte

A continuación puedes encontrar una presentación con las principales ideas de la primera parte de este seminario sobre el valor de la verdad en la sociedad.

2) La posverdad: utilidad y respeto por la verdad

a) ¿Qué es la posverdad?

La segunda parte del seminario Sociedad, acción y verdad, se refiere a la palabra del año 2016 para el diccionario de Oxfordpost-truth. En español se tradujo como posverdad. Su significado se refiere a la influencia que tienen los sentimientos en la opinión pública, más que los hechos. La atención mediática sobre la posverdad se concentró en identificarla con la mentira. La conclusión fue, en muchos casos, que la posverdad no es un fenómeno reciente, y que estamos ante un nuevo capricho terminológico. Una simple moda. Pero esta apreciación puede ser apresurada.

La introducción de la palabra en el diccionario no fue arbitraria, sino por la frecuencia de su uso en los procesos democráticos que dieron como resultado el Brexit en Gran Bretaña, y las enrevesadas campañas a la presidencia en los Estados Unidos. El término se hizo popular por la proliferación de noticias falsas, comentarios insultantes que rozan la difamación, y el descrédito de instituciones que prestan un servicio a la sociedad. En este tipo de cuestiones la culpable está claro que es la mentira, pero también está presente un fenómeno potenciado por el uso de algunos medios en Internet: la falta de cuidado y de respeto por la verdad.

Hay personas que piensan que la verdad es siempre la verdad. Parece que esto es cierto, aunque suene a tautología. Pero también es claro que existe actualmente una apreciación generalizada de que el valor público de la verdad está por los suelos. Esto contrasta con la difundida idea de que decir la verdad es algo beneficioso. En efecto, la mentira puede ser perniciosa desde un punto de vista pragmático. El mentiroso, si es descubierto, es rechazado. Para mentir hay que tener la intención de engañar. No es un simple descuido. Hay una malicia que nos repugna. Nadie quiere ser engañado dos veces, y por esto no es conveniente mentir. Parece que de este modo la verdad tiene un valor.

Estas consideraciones han contribuido a extender la idea de que no decir la verdad es perjudicial. Esto es cierto. Pero, a la vez, implica que la verdad puede caer bajo el dominio de nuestro poder, que puede ser manipulada. Podríamos usarla del modo que mejor nos convenga. Así, el valor de la verdad se reduce a la utilidad que podamos sacar de ella. La verdad carecería de un valor por sí misma y se vería sometida al valor que poseen nuestros propios fines personales. Por tanto, considerar que la verdad solamente es útil, y que merece nuestro respeto por esto, es hacer que pierda valor.

La era de la posverdad ha llegado a través del entramado de relaciones de redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest. Éstas se han convertido en el modo más práctico de participar en la opinión pública. La potencia de un clic puede no ser representativa, pero miles sí. Prácticamente todos podemos contribuir a esa fuerza. Por esto, es significativo que a veces desatendamos las consecuencias que tiene difundir algo en estas redes, como si no nos importara la verdad o falsedad de los hechos que estamos propagando, sino lo útiles que pueden ser para resaltar algunas de nuestras ideas, o imagen.

Esto último fue captado de modo singular por Harry Frankfurt en su ensayo Sobre la charlatanería, como se puede ver en el video que aparece en el siguiente enlace:

La manipulación de la verdad

Este es un video preparado para introducir a un autor tan interesante como polémico. Harry G. Frankfurt publicó en el año 2005 un pequeño libro titulado On Bullshit, en el que trata el tema de la manipulación de la verdad.

Para Frankfurt, al charlatán le tiene sin cuidado la verdad. No tiene intenciones de tergiversar la realidad, simplemente que ésta no le compromete. Mantiene clara la distinción entre lo verdadero y lo falso pero, como anda despreocupado por el valor de la verdad, le interesa poco el modo de presentarla, o las consecuencias de lo que dice. Su atención está puesta en la imagen que transmite a los demás, sin importar si lo que dice es verdadero o falso. El charlatán algunas veces puede caernos bien, salvo que su charlatanería llegue a asuntos que consideramos importantes. Su carencia de intencionalidad nos desconcierta, y su falta de intención recta frente a la verdad puede llegar a asustarnos.

La mentira es perniciosa, pero también lo es nuestra falta de cuidado cuando banalizamos involuntariamente el valor de la verdad. La proliferación de noticias falsas tiene su origen en una tergiversación voluntaria de la realidad. En este caso se asemeja a la mentira. La gravedad del asunto dependerá del daño que se pueda ocasionar a la reputación de una persona natural o jurídica. Sin embargo, no prestar atención al contenido de lo que difundimos también puede ocasionar serios daños de los cuales podemos ser moralmente responsables.

El respeto por el valor intrínseco de la verdad implica no usarla exclusivamente para alcanzar nuestros propios objetivos. También podemos causar daño con hechos verdaderos que no tienen por qué ser convertidos en contenido de dominio público. Es importante que no nos engañemos. Resaltar el valor que tiene la verdad no implica convertirla en un arma arrojadiza con la cual se pretende vencer una batalla contra otra persona. Lanzarla con un clic, sin considerar sus consecuencias, no es afirmar su valor, sino desprestigiarla. Quien hace de la verdad algo que nadie quiere escuchar está descuidando su modo de presentarla. Se asemeja al charlatán, y esto es muy fácil en Internet, porque el lenguaje escrito jamás podrá remplazar al dialogo directo con la otra persona. El que olvida esto piensa que las palabras son sólo vehículo de contenidos, y se queda sin considerar que la conversación transmite valores con los que podemos ponernos de acuerdo. Cuando el diálogo no ocurre, las discusiones devienen en luchas ideológicas, donde el que vence es el más fuerte, el que grita más. En el caso de las redes sociales, quien emite más mensajes o contenidos. Así no hay forma de conversar honestamente.

b) Libros para el análisis de la posverdad

Para el seminario que afrontaremos vamos a analizar el fenómeno de la era de la posverdad, y sus consecuencias actuales, a través de los conceptos éticos de dos libros:

Robert Spaemann, Ética. Cuestiones fundamentales, Eunsa, 2010
Harry Frankfurt, Sobre la charlatanería (On Bullshit) y Sobre la verdad, Paidos Contextos, 2013.

c) Presentación con las principales ideas de la segunda parte

A continuación puedes encontrar una presentación con las principales ideas de la segunda parte de este seminario sobre el valor de la verdad en la sociedad.


IV) Algunos recursos

1. Videos

La introducción del término post-truth (posverdad), en el diccionario de Oxford, se anunció junto con la aceptación de otras palabras a través de este video:

Video de presentación de la palabra del año 2016 – Oxford Dictionaries

Por otro lado, algunos expertos como Francis Fukuyama han empleado el término posverdad para referirse a la pérdida de autoridad de las instituciones:

Francis Fukuyama: The Post-Truth Society

Además, discursos como «El peligro de la historia única» de Chimamanda Ngzi Adiche, nos ayudan a entender la importancia de la comprensión de la pluralidad en la búsqueda de la verdad, especialmente a través de la narrativa que se vuelve historia:

Chimamanda Ngzi Adiche: El peligro de la historia única

2. Artículos

El término no es nuevo. Ya en 1992 el periodista Steve Tesich lo utilizó en un artículo para la revista The Nation. Tesich, escribiendo sobre los escándalos de Watergate y la Guerra de Irak, indicó que de algún modo hemos aceptado vivir en una era en la posverdad.

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Posteriormente Ralph Keyes escribió en 2004 el libro titulado The Post-Trut Era. En él, Keyes explica que nos encontramos en esta época de defección de la verdad porque hemos pactado con la deshonestidad. En la era de la posverdad, se han difuminado las fronteras entre la verdad y la mentira, la honestidad y la deshonestidad, la ficción y la no ficción. Engañar a otros se ha convertido en un desafío, un juego y, en última instancia, un hábito.

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Después de su introducción en el diccionario de Oxford, la palabra post-truth encontró rápida acogida en Wikipedia. En inglés el término hace referencia directa al contexto en el surgió esta palabra. Por este motivo se mantiene su equivalencia con la post-factual politics.

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En la versión en español de Wikipedia se indica que la posverdad difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad. Se resume como la idea en la que algo aparente sea verdad es más importante que la propia verdad. Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira, estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política.

Otros artículos de análisis del fenómeno se pueden encontrar a continuación:

La era de la posverdad, la posveracidad y la charlatanería (Revista +1 /CRYF)
How to survive in a post-truth world (Mercatornet)

Algunos principios para acciones de las que se siguen efectos buenos y malos.

Vamos a estudiar unos cuantos principios que nos ayudarán a juzgar que hacer cuando de un acto se siguen efectos buenos y malos. En estos casos, se puede actuar si y sólo si:

  1. El acto realizado ha de ser en sí mismo bueno, o al menos indiferente;
  2. el acto bueno no debe conseguirse a través del malo,
  3. la persona ha de buscar directamente el efecto bueno (intención recta);
  4. debe haber una «proporcionalidad» entre el bien que se intenta y el mal que se tolera.

Los cuatro principios deben darse a la vez para poder realizar una acción de la cual se sigan algunos efectos malos, moralmente hablando. Por ejemplo, el acto de «robar» es moralmente malo, va en contra del primer principio establecido (1): «el acto realizado ha de ser en sí mismo bueno, o al menos indiferente». Por otro lado, el acto de «repartir bienes entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir» es bueno, así que podríamos seguir evaluando esta acción a través de los siguientes principios. Sin embargo, si el acto fuese «repartir los bienes de alguien más, sin su consentimiento, entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir», podríamos traducirlo como «robar», y éste no es un acto que podamos justificar de un modo moral, a pesar de que de ello se sigan efectos buenos.

Pero esto no termina aquí. Aun cuando el acto sea bueno o indiferente, se debe respetar el segundo principio (2): «el acto bueno no debe conseguirse a través del malo». Esto es lo que no se da en el caso del acto de «repartir los bienes de alguien más, sin su consentimiento, entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir». Aun cuando se siga de ello el efecto bueno de «repartir los bienes entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir», este último acto de altruismo y generosidad no puede justificarse a través del robo. Pero esto sólo nos permite pasar al siguiente criterio.

Despejado el caso que veniamos comentando –de «repartir los bienes de alguien más, sin su consentimiento, entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir», ya que eso supone «robar»–, podemos plantear otro caso. Supongamos el acto de «repartir una parte de los propios bienes entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir» que tiene como consecuencia «retrasar el pago de una deuda que se tiene con un colega». En este caso, el tercer principio (3): «la persona ha de buscar directamente el efecto bueno (intención recta)», nos ayuda a entender más el valor de la rectitud de intención en nuestras acciones. Es decir, no sería lícito, o moralmente bueno, el acto de «repartir una parte de los propios bienes entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir», porque se desea «retrasar el pago de una deuda con un colega» para hacerle pasar un mal rato al acreedor de la deuda. Tener la intención de hacer algo bueno como el reparto de algunos de los propios bienes para fastidiar a alguien más invalida la justificación moral de nuestras acciones. No podemos hacer de las acciones buenas un medio para fines malos (serían acciones moralmente torcidas). Aquí se observa la importancia de la rectitud de nuestra voluntad para que las acciones sean realmente buenas.

Finalmente está el cuarto principio (4): «debe haber una proporcionalidad entre el bien que se intenta y el mal que se tolera». Por tanto, si voy a «repartir una parte de los propios bienes entre personas que no tienen suficientes recursos para vivir», y con ello «retrasar el pago de una deuda con un colega», habría que ponderar seriamente las consecuencias de ello. Así, por ejemplo, nuestro colega podría estar contando con el pago de esa deuda para pagar la hipoteca, y con ello no perder su casa. Si ese fuese el caso, parece que no es un acto de justicia retrasar el pago de esa deuda porque, repentinamente, hayamos tenido una exaltación altruista de acabar con la pobreza en el mundo. Parece que el cálculo de la proporción entre una sola persona acreedora (nuestro colega), en comparación con la pobreza mundial (millones de personas), podría justificar el acto de retrasar el pago de la deuda. Pero no es una cuestión de «cantidad», sino una cuestión de los deberes morales contraidos con personas concretas.

No hay proporción entre los deberes de justicia contraídos por una deuda (con las patentes y terribles consecuencias que podría sufir el acreedor, en este caso, si no cumplieramos con tales deberes), y los deberes que no hemos adquirido aún con nadie para la erradicación de la pobreza. Esto no significa que la pobreza no deba ser erradicada, sino que los deberes de justicia contraídos con personas concretas nos reclaman antes que aquellos hipotéticos deberes que aún no hemos contraído. Sería igualmente malo que un padre de familia decidiera donar su dinero a la sanidad pública, porque siente que con ello puede ayudar a mucha gente, si con ese acto deja a sus hijos sin medios para su educación.

Caso diferente es si ese dinero hubiera estado destinado para «comprar el quinto conche», «la tercera televisión» (o incluso para «comprar el segundo coche» o «comprar la segunda televisión»). En este caso, parece que lo superfluo de la compra justifica que el dinero pueda ser donado a «personas que no tienen suficientes recursos para vivir». A veces surgen justificaciones que nos satisfacen, pero no son válidas en sentido moral. No nos engañemos, la mayoría de nuestras compras pueden ser bastante superfluas, pero pensamos que nos las merecemos y evitamos, con ese razonamiento, hacer un bien ofreciendo ese dinero a quienes no pueden comprarse un bocadillo para pasar el hambre del día.

El sentido en el que hablamos en (4) de «proporción» no implica una conseción al utilitarismo (sea de corte consecuencialista o proporcionalista), como si fuese posible establecer una cierta ponderación entre los bienes y los males morales, en una situación específica, para efectuar una acción. En el caso de la «donación» y el «pago de la deuda», no se trata de más o menos dinero, ni siquiera si en un caso u otro es mayor o menor el número de los destinatarios de ese dinero. Desde el punto de vista del utilitarismo, se podría alcanzar un fin que en apariencia es bueno siempre y cuando se siga que haya una «mayor cantidad de bien moral», que de «mal moral» tolerado, en la acción. Sin embargo, tales criterios utilitaristas nunca nos podrán ayudar a que nos pongamos de acuerdo. ¿Qué podría significar «mayor cantidad de bien moral»? ¿Mayor «cantidad de destinatarios»? Pero eso haría que le toque menos a cada uno. Entonces, ¿nos referimos a «mayor cantidad de bienes», en este caso de dinero? Pero eso llevaría a que el «mayor bien posible» no sea factible de llevar a cabo mas que para unos cuantos agentes del conjunto social. Parece que son claras las contradicciones del utilitarismo en cualquiera de sus formas, y que la manera de resolver los conflictos morales es prestar atención al contenido ético de las acciones.

Hay que añadir que lo que se advierte en el cuarto principio (4) es que el mal es tolerado, no querido ni como medio, ni como fin. Por tanto, se trata de indicar que el fin que el sujeto pretende debe ser buscado con intención recta, tal como indica el tercer principio (3). Además debe procurar hacerlo sin utilizar un acto bueno como medio para un fin malo, tal como se afirma en el segundo principio (2). Y esto nos lleva a suponer que tal fin debe ser en sí mismo bueno o indiferente, tal como se aprecia en el primer principio (1). Por tanto, tambien queda demostrado que todos los principios deben cumplirse para que sea lícito realizar una acción de la cual se sigan algunos efectos malos, moralmente hablando.

Para una clarificación de estas cuestines se puede ver la cuestión sobre la determinación del objeto moral de nuestras acciones.

De todo lo dicho, se derivan criterios relativos a la posible licitud de la cooperación a una mala acción. Es evidente que nunca puede ser lícito cooperar formalmente a una acción mala –es decir, querer positivamente el mal–. Según esto, el problema se plantea sólo en el caso de una cooperación material a una acción mala. Este problema, cabe decir, es relativamente frecuente por el solo hecho de que la vida social y laboral supone cooperar con otros en muchas cosas.

No es extraño que uno pueda razonablemente preguntarse si sus propias acciones están contribuyendo al bien o al mal. En atención a esto, se han concretado varias pautas para examinar si en algunos casos la cooperación (material) a la mala acción puede ser lícita. Las pautas son las siguientes:

  1. que la acción con la que uno coopera sea buena o indiferente;
  2. que la intención con la que uno actúa sea buena;
  3. que la propia acción no contribuya esencialmente a la acción mala; o, dicho de otro modo, que en su esencia, la acción mala no dependa de la propia acción.

La manipulación de la verdad

Este es un video preparado para introducir a un autor tan interesante como polémico. Harry G. Frankfurt publicó en el año 2005 un pequeño libro titulado On Bullshit, en el que trata el tema de la manipulación de la verdad. El pequeño libro (una reedición de un articulo de 1986, publicado en Raritan Quarterly) se convirtió en pocas semanas en un Bestseller.

Un par de años después, Harry Frankfurt escribe On Truth, una crítica interesante al escepticismo. Frankfurt analiza la idea de verdad, la mentira, la manipulación y el respeto que le debemos a la verdad como seres humanos que se conducen en la sociedad. Ambas obras son un reclamo a la sociedad para que sea consciente de la importancia de la vinculación entre la responsabilidad moral y la verdad.

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El video ha sido editado utilizando casi en su totalidad el trabajo elaborado por ThinkNice.com.

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