La era de la posverdad

Pensar que la verdad puede ser asesinada puede dejarnos perplejos, pero esto ha venido ocurriendo para el caso de su valor en la sociedad. Por este motivo la cuestión de la posverdad no es superflua. Para Keyes el problema radical es que podemos vivir gobernados por ella, y participar activamente en su dinámica sin darnos cuenta. Esto se daría a través de una actitud derivada de la justificación de nuestras propias mentiras, y por acostumbrarnos a vivir en un ambiente en el que se discrimina la verdad en función de los intereses personales. Esto puede ocurrir cuando no reflexionamos sobre las fuentes de las noticias que consumimos o, en una visión más amplia de las circunstancias, cuando apartamos la mirada ante aquellos puntos de vista que nos desagradan. A veces, huimos de todo esto sin detenernos a pensar en cómo se pueden ver las cosas desde otra perspectiva, simplemente porque no queremos ser engañados, como si todo lo que no coincidiera con nuestras ideas pudiese catalogarse de propaganda engañosa.

Puedes leer el resto del artículo publicado en febrero de 2017 en la revista Palabra.

La muerte del inocente e indefenso (II)

La Declaración Universal de los Derechos Humanos alcanza, aunque suene redundante, a toda la humanidad. Esto se observa de modo significativo en su tercer artículo: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. La peculiaridad de la palabra “universal” subraya el hecho de que la Declaración abarca al conjunto de todas las personas. Todos tenemos derechos que son inalienables por el mero hecho de pertenecer a la raza humana, y las legislaciones que se han adherido a tal Declaración, se ven especialmente obligadas a respetarla. El texto elaborado en 1948 no nos convirtió, de pronto, en gente con derechos, sino que es la expresión del deseo perenne de que jamás nos convirtamos en un elemento útil y desechable de ningún poder económico, social o político.

La universalidad de la Declaración, especialmente de su tercer artículo, implica, además, que el ser humano está amparado por ella en todos los momentos de su vida. Introducir excepciones equivale a defender la idea de que es posible encontrar circunstancias que justifiquen el dominio injusto del más fuerte sobre los demás. El extremo de esta penosa afirmación es que los más poderosos pueden disponer de las vidas de otras personas. Sabemos que esto ocurre en muchos países tiranizados por una violenta dictadura, donde las leyes que defienden las vidas de los ciudadanos no son respetadas por aquellos que gobiernan. Sin embargo, esto también se da de modo velado, silencioso –o, más bien, silenciado por unos cuantos–, en legislaciones que han establecido un marco jurídico para que el aborto sea legal.

En Latinoamérica, en los últimos años, ha habido diversos intentos por introducir determinadas causales para hacer que el aborto sea legal, o para ampliar su legalidad. En las discusiones llevadas a cabo en tales tentativas se ha podido comprobar lo que el filósofo norteamericano Alasdair MacIntyre indicó hace ya algunos años: el debate en torno al aborto se encuentra dialécticamente en un punto muerto. Los argumentos biológicos parecen agotados para debatir desde el momento en que consideramos que es posible determinar la paternidad de una persona sobre sus hijos por medio de su ADN. Esto se debe a que el zigoto contiene toda la información genética necesaria para convertirse en un ser humano. Desde este punto de vista no hay nada que discutir: un ser humano es tal desde el momento de su concepción.

El debate no se encuentra en el plano biológico sino en el legal, especialmente alrededor del concepto de “persona”. Se discute si el estatuto jurídico del ser humano en los periodos iniciales de la vida es el de “persona” y, si debido a ello, es merecedor de la protección legal que debemos poseer todos. Es decir, la pregunta en estas discusiones es: ¿todo “ser humano” debe ser considerado “persona”? Algunos partidarios del aborto asumen que no es así. Por tanto, no bastaría con haber sido concebido humano para quedar amparado por la legislación. Según esta perspectiva, el zigoto deberá poseer algunas características añadidas para que, dependiendo del marco legal, pueda ser considerado digno de mantener su vida. En otras palabras, quienes afirman esto separan artificiosamente la identidad biológica y la jurídica de tal modo que sólo aquellos que sean capaces de alcanzar cierta conciencia, gocen de un grado de salud, puedan vivir en determinadas condiciones de vida, o hayan sido concebidos y gestados bajo ciertas circunstancias, serán los llamados a evitar una muerte legal, pero injusta. Legalizar el aborto es, por tanto, establecer leyes injustas que permiten la eliminación de humanos bajo unos criterios discriminatorios. ¿Cuáles son esos criterios? Las causales para permitir el aborto que se han intentado introducir en todos estos años.

La legalización del aborto hace que todos los seres humanos en estado embrionario, que caen bajo estos criterios de selección, sean susceptibles de ser condenados al cadalso antes siquiera de haber visto la luz. Podrían ser ejecutados por los más fuertes, apoyados en un marco legal que justifica la destrucción de inocentes e indefensos, muchas veces bajo la pueril consigna de “la elección sobre el propio cuerpo”. Es claro que esta afirmación tiene algo de sentido, pero parece injustificable su aplicación a actos que causan voluntariamente la muerte de alguien que obviamente no es parte la propia corporeidad. Parece claro que lo contrario es indicar que hay personas a las que se puede catalogar de “objeto de desecho”. ¿Es posible que estos sean los nuevos términos bajo los que rige nuestra civilización? Si permitimos leyes que justifiquen etiquetar a seres indefensos e inocentes como “sujetos merecedores de la muerte”, entonces  estamos afirmando esta terrible cultura.

No podemos dejar de considerar a alguien que muchas veces carece de la protección social y jurídica adecuada: la madre, sometida a presiones que la llevan a pensar que abortar es una salida de su situación de desamparo, y que cae indefensa bajo los intereses de otros, o de empresas implicadas en el lucrativo negocio de la “compra y venta de la muerte”. Son tales negocios del aborto los más empeñados en hacer que éste sea legal, esperando recaudar grandes ganancias con la matanza de seres humanos. Aquí el cinismo les sirve escudo. Creen en el derecho del más fuerte, en la imposición de sus intereses: el establecimiento de la cultura de la muerte del inocente e indefenso, para incrementar sus ganancias, utilizando a la sociedad misma para lograrlo. Creo que es importante que abramos los ojos para no pactar con esta comercialización de la muerte. Ésta ha tomado el disfraz de la defensa de determinados derechos, pero no es más que la excusa para intentar anular el derecho universal a la vida, para que sean unos cuantos los que dicten quien puede vivir, y quien no.

Este artículo fue publicado el 11 de julio de 2017 en Posición.pe

La muerte del inocente e indefenso (I)

Cae una bomba en un pequeño poblado de medio oriente. Mueren en ese mismo acto decenas de personas, entre las que podemos encontrar ancianos, mujeres y niños. Vidas truncadas por las acciones de otros seres humanos. Sus historias personales en este mundo no continuarán. Percibimos que no hay razón que pueda justificar su muerte, aún cuando alguien haya tenido motivos para llevar a cabo el ataque a ese pueblo. No hay duda, los afectados son inocentes, y además indefensos, que no es lo mismo. El inocente no tiene culpa en relación a determinados actos que se dan a su alrededor, y que son ajenos a su voluntad. La persona indefensa, por otro lado, es incapaz de defenderse ante las amenazas que se ciernen sobre ella. Su poder no es suficiente para evitarlas. Hay culpables indefensos, así como inocentes que pueden defenderse. En este caso es clara su inocencia. No tienen responsabilidad en las cuestiones relacionadas al conflicto y, además, están indefensos. Frente a las armas sus fuerzas no han podido evitarles la muerte.

Es una pena que nos acostumbremos a este tipo de escenas injustas. Diariamente cientos de personas inocentes e indefensas pierden la vida debido a las decisiones de otros sujetos. ¿Quién es el culpable? ¿Acaso el soldado que bombardea, las tropas, el comandante que da la orden, el jefe de gobierno que declara la guerra, las personas con intereses económicos –señores de la guerra– que impulsan estos conflictos por dinero? Puede ser que todos, en diferentes formas y dosis de responsabilidad. Seguramente tienen más responsabilidad unos cuantos, los que asumen la muerte del inocente e indefenso, les importe esto, o no. En entornos bélicos, por supuesto, la cosa no es sencilla. La situación del soldado en un fuego cruzado es muy diferente del que impulsa la guerra por intereses económicos, y que está en su sofá, esperando que llegue el dinero por la venta de armas. Tal vez el soldado se pregunta: ¿cómo es que terminamos haciendo esto?

La muerte de inocentes nos lleva a buscar responsables. Llegamos a la conclusión de que esto debe evitarse. Este anhelo de todas las personas que aman la paz se plasmó en 1948 de un modo singular en el tercer artículo de la declaración universal de los derechos humanos: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Esta es la expresión que nace del deseo humano de que las personas no se conviertan jamás en el instrumento de intereses ajenos y que Kant –gran intelectual de la modernidad– buscó materializar a través de una máxima, hace más de dos siglos: “obra del tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como medio”. Para él la dignidad implicaba no usar la vida de otro ser humano para alcanzar fines particulares.

El Papa Francisco realizó una visita de dos días a Egipto el pasado 28 de abril. Su viaje fue una peregrinación por la paz. En su primera intervención el Santo Padre fijó su atención en dos ideas. La primera fue la de no instrumentalizar la religión y las profundas creencias de las personas. Expresó su rechazo a cualquier tipo de  violencia o venganza en nombre de la fe. La segunda fue que hay que terminar con la proliferación de las armas, y lo dijo condenando el “cáncer de la guerra”. El Papa ya ha pronunciado estas palabras en el pasado refiriéndose a quienes tienen el poder de evitar la guerra, pero que a través de la venta indiscriminada de armamento solo consiguen fomentarla. Usan su poder económico sin dolerse de las injusticias que pueden provocar.

Suelo explicar a mis alumnos en clase que la justicia debe ser la virtud del más fuerte. La idea la tomo de Robert Spaemann que indica que, a veces, los más fuertes se comportan cínicamente alegando razones que no pretenden ser justas, para defender sus intereses. Creen en el derecho del más fuerte. Spaemann ilustra esta idea con el ejemplo de unos generales de Atenas, en la antigua Grecia, que querían extorsionar a los habitantes de la pequeña isla de Melos para que fuesen sus aliados frente a Esparta. Para lograr su objetivo amenazaron con matar a todos los hombres y reducir a esclavitud a las mujeres y los niños. Los de Melos les hicieron ver su injusticia, teniendo en cuenta además que ellos eran ajenos a tal conflicto. Pero los atenienses dieron una respuesta cínica sin paliativos: “¿qué significa aquí justicia? Justicia solo existe entre los que tienen fuerzas semejantes. Vosotros sois débiles y nosotros fuertes; de ahí se sigue todo lo demás”. Es claro que quienes tienen más poder deben ser los más justos. Pero cuando alguien destruye la vida del inocente e indefenso por medio de su poder, sin importarle esta injusticia, está actuando, además, con cinismo. Lamentablemente, tal individuo hace de los otros un instrumento de sus intereses, y del tercer artículo de la declaración de los derechos humanos un simple enunciado sin valor.

Las situaciones de violencia se llevan la vida de muchos inocentes e indefensos. Definitivamente debe haber alguien actuando de modo cínico. Creo que es importante darnos cuenta de lo que puede estar ocurriendo para que no pactemos con una cultura de la “compra y venta de la muerte”, aun cuando parezca que no podemos cambiarla. Aquí juega un papel fundamental la coherencia para defender el valor completo del tercer artículo de la declaración de los derechos humanos. Para ser libres, y tener una vida digna y segura, lo primero es respetar el derecho a la vida de todos los inocentes e indefensos. Esto implica decirle no al comercio de la muerte, y sí a una cultura de la vida sin condicionamientos.

Este artículo fue publicado el 02 de mayo de 2017 en Posición.pe

El año de la posverdad

El 2016 ha sido calificado como el año de la posverdad. La palabra proviene de post-truth, incluida en noviembre en el diccionario de Oxford. Su significado denota una situación en la que la referencia a los hechos objetivos cuenta menos que la apelación a las emociones y creencias personales. La admisión de esta palabra hizo que se publiquen cientos de artículos en la prensa.

La mayoría de analistas identifican la posverdad con la mentira. Se ha concluido entonces que este fenómeno no es nuevo, más allá de la moda del término: las mentiras han existido siempre. Me parece, sin embargo, que esta apreciación puede ser apresurada, y que la inclusión de este término en el diccionario más prestigioso de habla inglesa merece un análisis más fino. Un estudio que desborda sin duda estas líneas, en las que solo puedo limitarme a hacer algunas observaciones.

La notoriedad de la posverdad se debe al uso de esta palabra durante los últimos procesos democráticos en EEUU y Gran Bretaña, tan cargados de demagogia y manipulación de los sentimientos. Su popularidad es infame. Se debe a la indiscriminada proliferación de noticias falsas, de comentarios difamatorios sin fundamento a personajes públicos, y por el descrédito de las instituciones. Las redes sociales han sido un caldo de cultivo particularmente propicio al respecto. El problema se encuentra en primer lugar en la mentira, es decir, en la intención de tergiversar la verdad. Pero también está en un fenómeno que en nuestra sociedad se ha potenciado por el uso de este tipo de redes y que hace que tales mentiras se propaguen: la falta de atención, y de respeto por la verdad.

En la actualidad, se percibe una apreciación generalizada de que el valor público de la verdad está por los suelos. La misma promoción de la verdad por los beneficios que acarrea comporta ya una cierta devaluación de la misma. En efecto, la mentira puede ser perniciosa por razones pragmáticas, como sabía Maquiavelo. Para mentir hay que tener claro la verdad de lo que se quiere tergiversar. El mentiroso, si es descubierto, es rechazado. En vista de los posibles resultados, mentir puede ser estratégicamente inconveniente.

Con todo, la consideración pragmática de la mentira parece supeditar la verdad a la utilidad, lo cual, en el fondo, supone que podemos hacer cualquier cosa con la verdad. La verdad sería algo que está al alcance de nuestras manos, y que podríamos usar del modo que mejor nos convenga. No decir mentiras sería una simple cuestión de estrategia. En última instancia, lo que se halla en juego son nuestros intereses personales. Bajo este punto de vista, la honestidad no sería ya un valor admirable, sino simplemente el ropaje social de los más astutos en nuestra sociedad, como argüían los sofistas frente a Sócrates.

Como indicó la directora de The Guardian, Katharine Viner, en “How technology disrupted the truth”, la implicación de las redes sociales ha sido importante. Basta tener una cuenta en ellas para contribuir de un modo u otro a la popularización de una noticia u opinión, que muchas veces nos llega a través de canales fabricados para satisfacer nuestros propios gustos. Pero, cuando la mentira se ha hecho presente de un modo tan patente, llama la atención que nos importe poco la verdad o falsedad de las noticias que propagamos.

Esto conecta con un excelente ensayo del filósofo de Princeton University, Harry Frankfurt: Sobre la charlatanería. El charlatán es alguien al que el valor de la verdad le tiene sin cuidado. Puede mantener clara la distinción entre lo verdadero y lo falso pero, como anda despreocupado por el valor de la verdad, no le importan las consecuencias reales de lo que dice. Su atención está puesta en la imagen que transmite a los demás. El charlatán puede caernos bien, siempre que su charlatanería no llegue a asuntos que consideramos importantes.

El valor público de la verdad está bajo mínimos. Algo debemos hacer por devolverle su importancia. Huyamos de la mentira y la charlatanería. Luchemos contra la desatención como el gran mal que hay que combatir. La mentira es ciertamente perniciosa, pero también lo es la falta de atención hacia la verdad por una triste banalización de su valor.

Este artículo fue publicado el 02 de enero de 2017 en Posición.pe

Seminario: Sociedad, acción y verdad

I. Objetivo

El objetivo del seminario Sociedad, acción y verdad es fomentar la reflexión sobre el valor de la verdad, y cómo esa valoración incide en la sociedad moderna en general y, particularmente, en nuestras propias concepciones sobre lo que consideramos como algo «justo» o «injusto» en nuestra vida.


II. Indicaciones generales del seminario Sociedad, acción y verdad

Este seminario se divide en dos partes. La primera corresponde con la parte teórica sobre las características de nuestro mundo moderno, y cómo éstas inciden en la reflexión ética actual. La segunda es una parte más práctica, o de investigación, en la que se analizará el fenómeno de la posverdad.

1) Material importante

Las actividades del seminario se llevan a cabo en seis sesiones en las que habrá una práctica de cada una de las lecturas que se indican a continuación, y el envío de un informe al profesor en los formatos que puedes descargar a continuación:

Puedes encontrar los libros que se utilizarán y las fechas de las sesiones del seminario a través de los enlaces del siguiente recuadro:

Libros & Fechas

En estos enlaces puedes encontrar los libros que se utilizarán y las fechas de las sesiones en el calendario de actividades del curso

2) Sobre el ensayo

Al final del seminario deberás presentar un ensayo en el que analizarás, como tema general, cómo se valora la verdad en nuestro mundo moderno, tanto desde el punto de vista individual, como social. Por supuesto, puedes plantear temas distintos a la posverdad, pero siempre de acuerdo con la temática general del seminario. Tu opinión y capacidad de diálogo es muy importante, así como el uso de los conceptos que se explicarán en las sesiones de trabajo.

Puedes observar algunos ensayos presentados en años anteriores, y los criterios de evaluación del texto que deberás presentar, a través de los enlaces en el siguiente recuadro:

Algunos ensayos pasados y criterios de evaluación para el trabajo del seminario Sociedad, acción y verdad


III) Contenidos del seminario Sociedad, acción y verdad

1) Encubrimiento y verdad. Algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual: sobre la valoración de la verdad en nuestro mundo moderno

Como ya se indicó más arriba, la primera parte de este seminario es más teórica, introductoria y preparatoria de la siguiente parte en la que se analiza la posverdad. Específicamente, en este inicio del seminario, abordaremos tópicos que entrelazan temas relevantes como la sociedad, los bienes humanos, la justicia, y la felicidad. Además, se presentarán ideas implicadas en lo que consideramos que es propio de la condición humana: su recorrido vital, como individuo y en relación con los demás.

Hablaremos, por tanto, sobre las condiciones sociales en las que se da el nacimiento del ser humano, la visión actual que se tiene sobre el tratamiento de sus posibles enfermedades, sobre cómo debe afrontar la vejez y la muerte. Todas estas son realidades que, en la cultura, adquieren un valor moral determinado, y por tanto deben ser tratadas con una adecuada consideración intelectual, ética y antropológica.

Entre los materiales que se utilizarán está el siguiente libro:

Jorge Martín Montoya Camacho y José Manuel Giménez Amaya, Encubrimiento y verdad: algunos rasgos diagnósticos de la sociedad actual, Pamplona: EUNSA, 2021.

a) Sesión introductoria al seminario

La primera sesión del seminario es introductoria, en la que veremos algunas escenas de la película Margin Call, y en la que nos familiarizaremos con algunas de las caracterizaciones de nuestro tiempo moderno a través del libro Encubrimiento y verdad.

  • Margin Call [resumen de 30 minutos]: sobre el precio de la codicia.
  • La temática sobre las caracterizaciones de nuestro tiempo, en el libro indicado, puede comprenderse leyendo el texto del siguiente recuadro:

El encubrimiento de la verdad en nuestro mundo moderno

¿Qué ocurre con la valoración subjetiva de la verdad como aprehensión y transmisión sincera y elocuente de lo que pensamos, sin ánimos de encubrir nada, en nuestro mundo moderno? ¿Es posible que la configuración de nuestra sociedad nos lleve a fijarnos en valores menos relevantes que otros que sí lo son, haciendo que la verdad de la realidad se vea afectada sin que pensemos lo suficiente sobre ello? Si ese fuera el caso, ¿qué tipo de análisis gnoseológico podría desvelar esta dolencia antropológica y ética?

También puedes encontrar algunas orientaciones generales de los temas en el siguiente enlace, el cual lleva a una página del Instituto Razón Abierta, de la Universidad Francisco de Vitoria, con entrevistas realizadas a los autores, y otras explicaciones esclarecedoras a través de unos videos cortos:

Se puede llegar a la renovación del hombre desde el punto de vista racional con una razón abierta

Es preciso descubrir la verdad en sí misma, que aparece de modos distintos, y se ha de conseguir la integración de los distintos intereses para dar un sentido pleno.

b) Sesiones para comentar el libro Un mundo feliz de Aldous Huxley

En esta parte del seminario utilizaremos el libro indicado antes, Encubrimiento y verdad, específicamente los siguientes contenidos:

  • Capítulo II: ¿Qué miramos?, completo [páginas 95-131].
  • Capítulo III: ¿Qué dejamos de mirar?, apartados 3.3, 3.4, 3.5 y 3.6 [páginas 143-202].

El libro de Aldous Huxley, Un mundo feliz, también será parte de nuestras reflexiones éticas sobre nuestro mundo moderno. Sin embargo, su lectura no es obligatoria. Se anima a todos los participantes a leer el libro si lo desean, teniendo en cuenta que en clase se hablará de tal novela y, por tanto, es muy posible que se desvele su final.

Todos aquellos que hayan leído el libro con anterioridad, y deseen recordarlo, o quienes no lo hayan leído y no tengan tiempo de hacerlo, pueden guiarse de alguno de los análisis en YouTube a los que se puede acceder a través del siguiente recuadro:

Reseñas y análisis de Un mundo feliz, de Aldous Huxley

¿En que se basa la novela de Huxley? ¿Cuáles son los fundamentos del mundo que describe este autor? ¿Qué significado tiene para nuestro mundo actual?

Todas estas lecturas nos llevarán a observar cómo la reflexión sobre la felicidad y la vida humana se entrelazan con temas como el bien común, las decisiones sociales y políticas, así como con la economía, la cultura y la tecnología tal como se aprecia el el texto que se presenta en el siguiente enlace:

Cuestiones alrededor de «Un mundo feliz» de Aldous Huxley

Carta de respuesta a la pregunta: ¿es ético evitar a una persona una «condición física de desventaja» antes del nacimiento, cuando la personalidad de un ser humano aún no se ha desarrollado?

c) Presentación con las principales ideas de la primera parte

A continuación puedes encontrar una presentación con las principales ideas de la primera parte de este seminario sobre el valor de la verdad en la sociedad.

2) La posverdad: utilidad y respeto por la verdad

a) ¿Qué es la posverdad?

La segunda parte del seminario Sociedad, acción y verdad, se refiere a la palabra del año 2016 para el diccionario de Oxfordpost-truth. En español se tradujo como posverdad. Su significado se refiere a la influencia que tienen los sentimientos en la opinión pública, más que los hechos. La atención mediática sobre la posverdad se concentró en identificarla con la mentira. La conclusión fue, en muchos casos, que la posverdad no es un fenómeno reciente, y que estamos ante un nuevo capricho terminológico. Una simple moda. Pero esta apreciación puede ser apresurada.

La introducción de la palabra en el diccionario no fue arbitraria, sino por la frecuencia de su uso en los procesos democráticos que dieron como resultado el Brexit en Gran Bretaña, y las enrevesadas campañas a la presidencia en los Estados Unidos. El término se hizo popular por la proliferación de noticias falsas, comentarios insultantes que rozan la difamación, y el descrédito de instituciones que prestan un servicio a la sociedad. En este tipo de cuestiones la culpable está claro que es la mentira, pero también está presente un fenómeno potenciado por el uso de algunos medios en Internet: la falta de cuidado y de respeto por la verdad.

Hay personas que piensan que la verdad es siempre la verdad. Parece que esto es cierto, aunque suene a tautología. Pero también es claro que existe actualmente una apreciación generalizada de que el valor público de la verdad está por los suelos. Esto contrasta con la difundida idea de que decir la verdad es algo beneficioso. En efecto, la mentira puede ser perniciosa desde un punto de vista pragmático. El mentiroso, si es descubierto, es rechazado. Para mentir hay que tener la intención de engañar. No es un simple descuido. Hay una malicia que nos repugna. Nadie quiere ser engañado dos veces, y por esto no es conveniente mentir. Parece que de este modo la verdad tiene un valor.

Estas consideraciones han contribuido a extender la idea de que no decir la verdad es perjudicial. Esto es cierto. Pero, a la vez, implica que la verdad puede caer bajo el dominio de nuestro poder, que puede ser manipulada. Podríamos usarla del modo que mejor nos convenga. Así, el valor de la verdad se reduce a la utilidad que podamos sacar de ella. La verdad carecería de un valor por sí misma y se vería sometida al valor que poseen nuestros propios fines personales. Por tanto, considerar que la verdad solamente es útil, y que merece nuestro respeto por esto, es hacer que pierda valor.

La era de la posverdad ha llegado a través del entramado de relaciones de redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o Pinterest. Éstas se han convertido en el modo más práctico de participar en la opinión pública. La potencia de un clic puede no ser representativa, pero miles sí. Prácticamente todos podemos contribuir a esa fuerza. Por esto, es significativo que a veces desatendamos las consecuencias que tiene difundir algo en estas redes, como si no nos importara la verdad o falsedad de los hechos que estamos propagando, sino lo útiles que pueden ser para resaltar algunas de nuestras ideas, o imagen.

Esto último fue captado de modo singular por Harry Frankfurt en su ensayo Sobre la charlatanería, como se puede ver en el video que aparece en el siguiente enlace:

La manipulación de la verdad

Este es un video preparado para introducir a un autor tan interesante como polémico. Harry G. Frankfurt publicó en el año 2005 un pequeño libro titulado On Bullshit, en el que trata el tema de la manipulación de la verdad.

Para Frankfurt, al charlatán le tiene sin cuidado la verdad. No tiene intenciones de tergiversar la realidad, simplemente que ésta no le compromete. Mantiene clara la distinción entre lo verdadero y lo falso pero, como anda despreocupado por el valor de la verdad, le interesa poco el modo de presentarla, o las consecuencias de lo que dice. Su atención está puesta en la imagen que transmite a los demás, sin importar si lo que dice es verdadero o falso. El charlatán algunas veces puede caernos bien, salvo que su charlatanería llegue a asuntos que consideramos importantes. Su carencia de intencionalidad nos desconcierta, y su falta de intención recta frente a la verdad puede llegar a asustarnos.

La mentira es perniciosa, pero también lo es nuestra falta de cuidado cuando banalizamos involuntariamente el valor de la verdad. La proliferación de noticias falsas tiene su origen en una tergiversación voluntaria de la realidad. En este caso se asemeja a la mentira. La gravedad del asunto dependerá del daño que se pueda ocasionar a la reputación de una persona natural o jurídica. Sin embargo, no prestar atención al contenido de lo que difundimos también puede ocasionar serios daños de los cuales podemos ser moralmente responsables.

El respeto por el valor intrínseco de la verdad implica no usarla exclusivamente para alcanzar nuestros propios objetivos. También podemos causar daño con hechos verdaderos que no tienen por qué ser convertidos en contenido de dominio público. Es importante que no nos engañemos. Resaltar el valor que tiene la verdad no implica convertirla en un arma arrojadiza con la cual se pretende vencer una batalla contra otra persona. Lanzarla con un clic, sin considerar sus consecuencias, no es afirmar su valor, sino desprestigiarla. Quien hace de la verdad algo que nadie quiere escuchar está descuidando su modo de presentarla. Se asemeja al charlatán, y esto es muy fácil en Internet, porque el lenguaje escrito jamás podrá remplazar al dialogo directo con la otra persona. El que olvida esto piensa que las palabras son sólo vehículo de contenidos, y se queda sin considerar que la conversación transmite valores con los que podemos ponernos de acuerdo. Cuando el diálogo no ocurre, las discusiones devienen en luchas ideológicas, donde el que vence es el más fuerte, el que grita más. En el caso de las redes sociales, quien emite más mensajes o contenidos. Así no hay forma de conversar honestamente.

b) Libros para el análisis de la posverdad

Para el seminario que afrontaremos vamos a analizar el fenómeno de la era de la posverdad, y sus consecuencias actuales, a través de los conceptos éticos de dos libros:

Robert Spaemann, Ética. Cuestiones fundamentales, Eunsa, 2010
Harry Frankfurt, Sobre la charlatanería (On Bullshit) y Sobre la verdad, Paidos Contextos, 2013.

c) Presentación con las principales ideas de la segunda parte

A continuación puedes encontrar una presentación con las principales ideas de la segunda parte de este seminario sobre el valor de la verdad en la sociedad.


IV) Algunos recursos

1. Videos

La introducción del término post-truth (posverdad), en el diccionario de Oxford, se anunció junto con la aceptación de otras palabras a través de este video:

Video de presentación de la palabra del año 2016 – Oxford Dictionaries

Por otro lado, algunos expertos como Francis Fukuyama han empleado el término posverdad para referirse a la pérdida de autoridad de las instituciones:

Francis Fukuyama: The Post-Truth Society

Además, discursos como «El peligro de la historia única» de Chimamanda Ngzi Adiche, nos ayudan a entender la importancia de la comprensión de la pluralidad en la búsqueda de la verdad, especialmente a través de la narrativa que se vuelve historia:

Chimamanda Ngzi Adiche: El peligro de la historia única

2. Artículos

El término no es nuevo. Ya en 1992 el periodista Steve Tesich lo utilizó en un artículo para la revista The Nation. Tesich, escribiendo sobre los escándalos de Watergate y la Guerra de Irak, indicó que de algún modo hemos aceptado vivir en una era en la posverdad.

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Posteriormente Ralph Keyes escribió en 2004 el libro titulado The Post-Trut Era. En él, Keyes explica que nos encontramos en esta época de defección de la verdad porque hemos pactado con la deshonestidad. En la era de la posverdad, se han difuminado las fronteras entre la verdad y la mentira, la honestidad y la deshonestidad, la ficción y la no ficción. Engañar a otros se ha convertido en un desafío, un juego y, en última instancia, un hábito.

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Después de su introducción en el diccionario de Oxford, la palabra post-truth encontró rápida acogida en Wikipedia. En inglés el término hace referencia directa al contexto en el surgió esta palabra. Por este motivo se mantiene su equivalencia con la post-factual politics.

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En la versión en español de Wikipedia se indica que la posverdad difiere de la tradicional disputa y falsificación de la verdad. Se resume como la idea en la que algo aparente sea verdad es más importante que la propia verdad. Para algunos autores la posverdad es sencillamente mentira, estafa o falsedad encubiertas con el término políticamente correcto de posverdad que ocultaría la tradicional propaganda política.

Otros artículos de análisis del fenómeno se pueden encontrar a continuación:

La era de la posverdad, la posveracidad y la charlatanería (Revista +1 /CRYF)
How to survive in a post-truth world (Mercatornet)