Impacto de After Virtue en la ética iberoamericana

Cuarenta años de After Virtue de Alasdair MacIntyre. Relecturas iberoamericanas (Dykinson, 2022) es una obra coral que busca situar la recepción, interpretación y expansión del pensamiento de Alasdair MacIntyre a cuatro décadas de la publicación de After Virtue (1981), obra que redefinió el paisaje de la ética contemporánea. El libro no es un mero homenaje celebrativo, sino una investigación colectiva, filosóficamente rigurosa, que explora tanto los núcleos conceptuales del proyecto macintyriano como su diálogo con tradiciones rivales y su fecundidad en campos disciplinarios y prácticos diversos. Editado por Javier de la Torre, Maximiliano Loria y Lucio Nontol, el volumen reúne veintitrés contribuciones de investigadores de América Latina y España, consolidando una de las redes más activas y creativas de estudios macintyreanos en la esfera iberoamericana.

El prólogo del volumen sitúa con claridad la relevancia del proyecto. En un mundo saturado de publicaciones efímeras, After Virtue permanece como un clásico cuya capacidad de interpelación no se ha debilitado; antes bien, parece haberse agudizado a la luz de la crisis cultural y moral de las democracias liberales, del predominio del emotivismo y del agotamiento de los modelos éticos modernos basados en la autonomía, el deber o la maximización utilitarista. Los editores subrayan tres ejes fundamentales para comprender el itinerario intelectual de MacIntyre: la recuperación de la tradición aristotélica de las virtudes, el énfasis en la narratividad como estructura de inteligibilidad moral y la reconsideración de la dependencia y la vulnerabilidad como notas constitutivas de la agencia humana. El libro, estructurado en tres partes, desarrolla estos núcleos desde múltiples perspectivas.

La primera parte, dedicada a Las virtudes en MacIntyre, contiene trabajos que iluminan dimensiones fundamentales de la ética macintyreana. El capítulo inicial, de Luis Enrique Varela, reconstruye el modo en que MacIntyre, en After Virtue, intenta “rehabilitar” la ética aristotélica en un contexto moderno fragmentado. Varela muestra con precisión cómo la genealogía que MacIntyre ofrece —desde la virtud heroica homérica hasta la síntesis aristotélica— no pretende ser una arqueología erudita, sino la base de una crítica del emotivismo moderno. El retorno a Aristóteles no es nostálgico: es un retorno crítico, atento a la historicidad de las prácticas y a la necesidad de integrar la racionalidad moral en un relato vital que otorgue unidad narrativa a la vida humana.

El segundo capítulo, de Lucio Nontol y Javier de la Torre, aborda una cuestión menos tratada pero esencial: la relación entre MacIntyre y el cristianismo. Los autores recorren distintas etapas del pensamiento macintyreano —desde su temprana filiación marxista hasta su posterior evolución hacia un aristotelismo tomista— y muestran cómo, a través de ese trayecto, el cristianismo se presenta no como un añadido externo sino como una tradición viva capaz de integrar dimensiones éticas, comunitarias y teológicas. El interés de este capítulo radica en mostrar cómo MacIntyre entiende las virtudes en el marco de formas de vida concretas, en las que el teísmo cristiano ofrece un horizonte teleológico que, lejos de clausurar la búsqueda racional, la orienta y la hace inteligible.

El capítulo dedicado a Dependencia y vulnerabilidad, de José Manuel Giménez Amaya y José Ángel Lombo, resulta especialmente significativo para la recepción contemporánea de MacIntyre. Aquí se analiza la continuidad del proyecto que va de After Virtue a Dependent Rational Animals, mostrando que la crítica macintyreana a la modernidad no desemboca en un elogio abstracto de la autosuficiencia, sino en una antropología robusta de la interdependencia. Los autores enfatizan la conexión de MacIntyre con la biología evolutiva y subrayan que la vulnerabilidad —física, emocional, cognitiva— es una dimensión constitutiva que obliga a repensar la ética desde la reciprocidad del dar y recibir. El capítulo constituye una de las intervenciones más logradas del volumen, pues no se limita a exponer, sino que profundiza en elementos centrales para una ética del cuidado y de la justa generosidad.

Pedro Rivas aporta un estudio incisivo sobre el bien común en MacIntyre, mostrando la relevancia política del proyecto aristotélico-tomista del autor escocés. Frente al individualismo liberal —que reduce el bien común a suma de intereses—, MacIntyre propone entenderlo como la estructura misma de la cooperación práctica orientada teleológicamente. El capítulo analiza la racionalidad práctica, la participación comunitaria y los modos de deliberación propios de una vida compartida, destacando que el bien común no es utopía sino tarea encarnada en prácticas locales que requieren virtudes específicas. El lector descubre aquí el trasfondo político imprescindible para comprender la crítica macintyreana a las instituciones modernas.

La reflexión sobre la narratividad, desarrollada por María Agustina Juri, completa esta primera parte. El capítulo ilumina la tesis según la cual una vida humana es inteligible solo como un “relato en búsqueda de un telos”. La autora explica cómo, para MacIntyre, la narrativa no es mero recurso literario, sino estructura ontológica de la acción humana, que articula pasado, presente y futuro. Sin esa unidad narrativa —siempre vulnerable, nunca cerrada— la identidad se fractura y la deliberación moral se vuelve inoperante. Esta contribución es clave para comprender tanto la antropología moral como el método filosófico de MacIntyre.

La segunda parte del libro, MacIntyre en diálogo, despliega la fecundidad del pensamiento macintyreano al ponerlo en conversación con tradiciones rivales. Mauro J. Saiz examina el paralelismo y las divergencias entre MacIntyre y Charles Taylor, especialmente en lo relativo al papel de la historia en la formación de la identidad y de los marcos de significación. Ambos autores comparten una crítica de la modernidad y un énfasis en el arraigo de la razón en formas de vida, pero difieren en la concepción del conflicto entre tradiciones y en la normatividad de los bienes constitutivos.

La relación con Michael Sandel revela afinidades comunitaristas, aunque el capítulo correspondiente destaca que, mientras Sandel critica el liberalismo político desde dentro, MacIntyre lo hace desde la reconstrucción de las virtudes en prácticas concretas. El diálogo con Anscombe, presentado por Román Ángel Pardo, subraya la deuda de MacIntyre con la crítica anscombiana a la ética del deber y a la noción moderna de obligación desvinculada de una teleología del bien. El capítulo dedicado a Bernard Williams pone en contraste dos formas de escepticismo respecto a la moral moderna: mientras Williams enfatiza la integridad individual y la crítica al moralismo abstracto, MacIntyre se orienta hacia una reconstrucción comunitaria de la racionalidad práctica.

La comparación con Weber, estudiada por Ignacio Serrano del Pozo, es especialmente sugerente. Weber representa para MacIntyre un símbolo de la modernidad desencantada, donde la racionalización burocrática erosiona la unidad de la vida y fragmenta las esferas de valor. El capítulo muestra cómo la crítica macintyreana pretende revertir este proceso mediante prácticas que cultiven bienes internos, recuperando un horizonte de sentido compartido. El diálogo con Josef Pieper, por su parte, resalta la convergencia entre el autor escocés y la tradición filosófica cristiana en temas como la esperanza, la estabilidad interior y la centralidad de la virtud como hábito que dispone al bien.

Finalmente, Alberto Díaz Rivera examina el papel de la virtud en la vida política contemporánea, mostrando que la crítica macintyreana del Estado moderno no deriva en un repliegue privatista, sino en la revitalización de comunidades prácticas capaces de resistir la lógica individualista y de ofrecer espacios de deliberación razonada.

La tercera parte del volumen, la más extensa, explora los múltiples ámbitos en los que el pensamiento de MacIntyre está siendo aplicado y reinterpretado. La riqueza de esta sección reside en mostrar que el proyecto macintyriano no es un ejercicio abstracto de ética normativa, sino una filosofía práctica que proporciona criterios para orientar la acción en contextos profesionales, institucionales y sociales. Las contribuciones relativas a la enfermería, la medicina y la psicología destacan el potencial del enfoque macintyreano para renovar una ética del cuidado que integre competencia técnica, vulnerabilidad y reciprocidad. La lectura de Lucio Nontol a partir de la psicología positiva de Seligman articula de modo sugerente “florecimiento humano” y “restauración moral”, mostrando que las virtudes tienen un papel estructurador en el bienestar psicológico.

Los trabajos sobre derecho, justicia y Estado subrayan que el modelo macintyriano interpela no solo a individuos sino a instituciones. La crítica a la burocratización del derecho y a la instrumentalización del Estado se acompaña de propuestas que enfatizan la necesidad de recuperar prácticas deliberativas locales, donde la justicia no sea mera aplicación técnica de normas, sino ejercicio prudencial de razonamiento práctico.

En lo relativo a ecología y tecnologías, las contribuciones muestran un aspecto menos conocido pero muy actual del pensamiento de MacIntyre. Frente a los discursos tecnocráticos o eco-utilitaristas, la ética de las virtudes ofrece un marco para comprender la sostenibilidad como práctica comunitaria orientada a bienes internos, lejos tanto del productivismo tecnológico como de la nostalgia romántica. El capítulo dedicado a las tecnologías —de Helder Buenos Aires de Carvalho— ofrece una lectura valiosa para debates contemporáneos sobre IA, vigilancia y automatización, mostrando que la pregunta central no es “qué puede hacer la tecnología”, sino “qué tipo de agentes nos convertimos al usarla”.

El estudio de Urbano Ferrer sobre la Universidad revisa la crítica macintyreana a la institución universitaria moderna, señalando cómo la fragmentación disciplinaria y la primacía de la investigación tecnocrática han debilitado el ideal de comunidad ilustrada. El capítulo propone recuperar un modelo de universidad centrado en prácticas intelectuales que formen virtudes epistémicas y orienten la búsqueda común de la verdad.

La reflexión sobre las “personas corrientes”, ofrecida por Maximiliano Loria, constituye uno de los momentos más logrados y conmovedores del volumen. Aquí se muestra cómo la ética de las virtudes no es una ética elitista sino profundamente democrática: son las prácticas de la vida cotidiana —cuidar de un enfermo, enseñar, deliberar en comunidad, sostener vínculos— las que hacen posible la vida moral. El capítulo invita a redescubrir que el bien, como dice MacIntyre, “no hace ruido” y que las virtudes se manifiestan en gestos ocultos, silenciosos, pero esenciales para la vida humana.

El volumen concluye con un estudio de Juan Carlos Alvial sobre educación en virtudes, tema que enlaza de modo natural con la dimensión pedagógica del proyecto macintyriano. La educación, entendida como práctica comunitaria orientada a bienes internos, exige formar no solo habilidades técnicas sino hábitos de deliberación, autodominio, cooperación y búsqueda de la verdad. En un contexto marcado por el individualismo y la tecnificación educativa, este capítulo resuena como un llamado urgente a recuperar la centralidad de la comunidad educativa.

En conjunto, Cuarenta años de After Virtue es una obra de enorme valor académico y filosófico. Su principal mérito radica en mostrar que MacIntyre no es únicamente un crítico de la modernidad, sino un pensador capaz de articular tradiciones, dialogar con corrientes diversas y proponer un modelo de vida moral profundamente humano. El volumen no solo ilumina el pasado de la recepción macintyreana, sino que abre caminos de investigación futuros, particularmente en el ámbito iberoamericano, donde la sensibilidad comunitaria y el interés por las virtudes encuentran un terreno especialmente fértil.