Vulnerabilidad, virtud y cuidado: una invitación a redescubrir lo humano

Acaba de publicarse Vulnerabilidad, virtud y cuidado (EUNSA), un libro que nace de una convicción tan sencilla como urgente: la fragilidad humana no es un error, ni un defecto que deba ocultarse o corregirse, sino un lugar privilegiado para comprender la vida moral y la posibilidad misma de una existencia verdaderamente buena.

Vivimos en una cultura marcada por el individualismo y la ilusión de la autosuficiencia. Se exalta la autonomía como independencia absoluta y se mira la dependencia como fracaso. Sin embargo, la realidad de la vida —la enfermedad, la vejez, el duelo, la vulnerabilidad psíquica, la fragilidad cotidiana— nos devuelve una verdad incontestable: ser humano es ser vulnerable. Y precisamente en esa vulnerabilidad se abre una posibilidad decisiva: la de aprender a cuidar, a recibir, a convivir, a agradecer; en definitiva, a vivir éticamente.

Este libro propone una reflexión profunda y transformadora sobre el papel central de la vulnerabilidad en la formación del carácter moral. Inspirado en el pensamiento de Alasdair MacIntyre, y en diálogo con Aristóteles y Tomás de Aquino, desarrolla una auténtica antropología de la vulnerabilidad, articulando tres dimensiones esenciales: biología, racionalidad práctica y dependencia. Lejos de ser aspectos secundarios, estos rasgos constituyen el terreno mismo donde se originan las virtudes y donde se juega el destino moral de nuestras relaciones personales y comunitarias.

Pero el libro no se limita a la teoría. Una de sus claves —señalada ya en el prólogo— es mostrar que hay lugares donde esta antropología se hace especialmente visible y fecunda: por ejemplo, las unidades de Cuidados Paliativos, donde el acompañamiento en la enfermedad y en la proximidad de la muerte se convierte en espacio paradigmático de humanidad. Allí, el cuidado aparece como lo que realmente es: hospitalidad, presencia, generosidad, delicadeza moral y compromiso con el bien del otro, incluso cuando ya no hay “soluciones” técnicas.

La obra culmina presentando una virtud central para nuestro tiempo: la justa generosidad. Se trata de una disposición moral que permite dar sin reservas y recibir con dignidad, superando tanto la lógica del cálculo como el emotivismo contemporáneo. En una cultura que idolatra el control, la productividad y la autosuficiencia, esta virtud recuerda que hay una grandeza silenciosa en reconocer la propia necesidad, y que recibir también es una forma de comunión.

En suma, Vulnerabilidad, virtud y cuidado es una invitación a redescubrir que nuestra contingencia corporal y relacional no disminuye nuestra libertad: la hace posible. Porque solo quien asume su vulnerabilidad puede abrirse a la amistad, a la comunidad y al cuidado mutuo. Y solo desde esa verdad compartida se construye una vida auténticamente ética.